De Amawtas y Philosophiae Doctor (PhD)
Apuntes sobre la colonialidad y decolonialidad del saber:
A propósito de las reformas universitarias en el Ecuador
Pablo Dávalos
Existe una sospecha con respecto a la ciencia moderna, una especie de “mancha de nacimiento”, por decirlo de alguna manera, que provoca suspicacias con respecto al orden del saber que ella estructura, consolida y reproduce. Esa sospecha radica en la simbiosis, muchas veces explícita y connivente, del saber con el poder. De acuerdo a esta suspicacia con el saber moderno, no se conoce para cambiar ni transformar al mundo, menos aún para descubrir qué es la realidad ni porqué está conformada tal como es; se conoce para dominar, para someter, para subordinar, para controlar. Esa sospecha con respecto al conocimiento moderno consta en el movimiento Sturm und Drang, la insurrección romántica, en el irracionalismo de Schopenahuer, incluso en el pensamiento reaccionario de Bonald, Burke y De Maistre, pero sobre todo, está de forma explícita en los escritos del filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Para él, toda voluntad de conocimiento es, realmente, una voluntad de dominación y de poder. En esa misma línea consta la reflexión de los filósofos marxistas del Círculo de Frankfurt y su debate contra el positivismo y el racionalismo crítico, en especial en contra del Círculo de Viena y el filósofo de la ciencia Karl Popper.
La veta de reflexión que sospecha de todo el conocimiento moderno y su episteme es muy rica y ahí pueden inscribirse las propuestas de filósofos como Michel Foucault, Pierre Bourdieu, Jean Baudrillard o Lacan, entre otros. En el caso de América Latina ese malestar con el conocimiento moderno como mera estrategia del poder está en los escritos de Ernesto Sábato, pero también en la propuesta de la colonialidad y decolonialidad del saber/poder, que tiene en los nombres de Aníbal Quijano, Enrique Dussel, Arturo Escobar, Walter Mignolo, Edgardo Lander, Catherine Walsh, Santiago Castro Gómez, Carlos Walter Porto-Gonçalves, entre otros, a sus mejores representantes. En esa misma línea se inscribe la propuesta teórica de Boaventura de Souza Santos y su concepto de “ecología de saberes”.
Estas propuestas son críticas con el saber moderno y sus formas de reproducción institucional, en especial las universidades y los institutos de investigación. Consideran que detrás de una episteme (verdad científica) existe siempre una estrategia de control y dominación. Por ello, proponen que la discusión epistemológica vaya más allá de su mera pertinencia científica y teórica y se convierta en un debate político, porque su entramado real es, precisamente, político. La forma cómo se enseña, cómo se piensa y cómo se define lo Real, es decir lo existente en cuanto tal, rebasa los límites epistemológicos y metodológicos del conocimiento y se convierte en un asunto político que tiene ser debatido y comprendido desde la política porque implica al poder.
Por ello, la propuesta del sociólogo alemán Max Weber de que todo científico tiene que ser neutral con respecto a su objeto de estudio, es decir, el criterio de la “neutralidad valorativa” del conocimiento científico moderno es, por decir lo menos, sospechosa. En efecto, la neutralidad valorativa pretende sancionar como un hecho dado y sin discusión una de las aporías más fuertes del conocimiento científico moderno y que marca una cesura radical a su interior: a saber la ruptura ontológica entre el sujeto que estudia y el objeto estudiado. Mientras más alejado está el sujeto que estudia y reflexiona con respecto a su objeto de estudio supuestamente más objetivo es ese conocimiento y, en consecuencia, tendría mayor validez científica. Quizá esto parezca plausible en un laboratorio al estudiar la naturaleza en sus diferentes formas, aunque ahora el principio de Heisenberg ha suprimido la distancia entre sujeto y objeto, pero este mismo criterio de separación radical del sujeto con el objeto es imposible aplicarlo al estudio de la realidad humana y social.
Por definición, el ser humano no puede ser convertido en un objeto, y menos aún su propia sociedad. La separación de un supuesto investigador social con respecto a sí mismo y a su sociedad significa que éste tenga que transformar a los seres humanos, incluido él mismo, en objetos de estudio. Esta transformación implica una alienación profunda al interior del sujeto que estudia que lo desgarra en su condición ontológica de lo humano y que, desde esa posición, haría imposible todo conocimiento de lo social, porque lo social y lo humano no son cosas, no son objetos, al contrario, son dinámicas complejas, diversas, cambiantes, en permanente transformación.
De esta manera, el instante en el cual el sujeto del conocimiento, en la ocurrencia el “científico social”, asume una posición de separación ontológica con respecto a su sociedad para conocerla de manera objetiva, se aliena radicalmente de ésta y convierte a la sociedad y a lo humano en objeto, en cosa. Al convertirlas en objeto de estudio él mismo se convierte en objeto, vale decir, se cosifica. Al transformarse en objeto su pretendido conocimiento de lo social se convierte en una aporía. Con el instrumental de la ciencia moderna, en consecuencia, es imposible conocer lo humano- social sin alienarlo y un saber alienado forma parte de los circuitos ideológicos de la dominación, no de la emancipación.
Obviamente, los científicos no se aperciben de esta realidad y tratan de ser lo más objetivos posibles con respecto a sus análisis sobre la realidad humana y social, pensando que esa objetividad les permitirá un mejor conocimiento de la sociedad, pero solamente producen un saber alienado, aunque hay científicos como el químico y premio Nobel, Ilya Prigogine que han advertido la falacia de esta separación entre sujeto y objeto de la ciencia moderna.
Ahora bien, esta separación ontológica entre sujeto que estudia y objeto estudiado y que forma parte de la estructura misma del conocimiento científico moderno, conduce a una segunda aporía de difícil resolución, aquella de la imposibilidad de inscribir el acto del conocimiento al interior de la ética. El conocimiento moderno es a-moral. Es decir, sus coordenadas de pensamiento están por fuera de toda constricción ética. Desde las premisas del conocimiento moderno es imposible un conocimiento ético. La episteme moderna expulsa la ética de toda construcción teórica a nombre de la ciencia y su neutralidad valorativa. El conocimiento moderno es a-moral por definición y construcción. El científico no puede tener criterios de valor. La axiología es externa al acto del conocimiento. El científico es una persona moral fuera de su laboratorio o su gabinete de trabajo. Al interior de éste, su propia objetividad le enseña a precaverse de cualquier criterio de valor. La ética es externa a la episteme, es decir, el científico será ético cuando respete las normas establecidas al interior de la comunidad científica con respecto al proceso del conocimiento, pero jamás al interior de éste. Esto provoca una cesura radical entre el logos (el pensamiento) que conoce lo real y el logos que lo transforma, es decir, la tecnología. Por ello, toda tecnología está libre de restricciones morales y puede ser usada como instrumento del poder.
Ahora bien, la amoralidad del conocimiento científico moderno expresa otra cesura radical: aquella de la separación radical de la sociedad con respecto al acto del conocimiento. Quien produce el conocimiento no es la sociedad, es el científico en un ambiente alienado de la sociedad, en la ocurrencia su laboratorio, su instituto de investigaciones, su gabinete de trabajo, su universidad o su empresa. El conocimiento que se produce es, por tanto, a-social. La sociedad no puede acceder a este conocimiento de forma libre, transparente y democrática. La sociedad tampoco consta como parte de ese proceso de creación intelectual. Es apenas un dato exógeno. Un instrumento o un medio. Un dato o un contexto. Nunca un sujeto activo. Los conflictos que desgarran a la sociedad nunca aparecen en la episteme dominante. Fue justamente esta a-socialidad del conocimiento moderno lo que provocó una de las críticas más fuertes a la “razón instrumental” por parte de los filósofos marxistas de la Escuela de Frankfurt.
Por ello el saber se indexa. La construcción de un Index aleja de forma radical a la sociedad de la creación del conocimiento científico. Quien tiene acceso al Index no es la sociedad sino el científico que ha sido previamente reconocido y calificado como tal. Sin ese reconocimiento es imposible acceder al Index. Pero ese reconocimiento no es social ni democrático, sino interno a la estructura que asume el saber, en la ocurrencia, la universidad moderna. Es ella la que define quién conoce, cómo conoce. Todo Index es antidemocrático y a-social. Todo Index es más ideológico que científico. Todo Index implica y demuestra las relaciones de poder y dominación.
Esa cesura expresa la separación radical del demos (pueblo o sociedad) con respecto al logos (razón). El conocimiento moderno es por definición antidemocrático. Es elitista. Es aristocrático. Ningún científico, ni filósofo, ni investigador, ni académico crea, piensa, reflexiona, propone o discute proposiciones, conceptos, hipótesis, categorías en función de su mayor o menor calidad democrática, es decir de su aceptación y validación social. Esa idea simplemente no pasa por su mente y no consta de ninguna manera en ningún programa de investigación público o privado. Cuando escribe, piensa, crea o recrea no está pensando en su sociedad sino en sus pares. El reconocimiento al que apela es al de sus pares. En ellos se reconoce como una sombra en el espejo. Cuando la sociedad no forma parte del horizonte de posibilidades del conocimiento moderno, éste es autárquico en referencia a su propia sociedad y autista en referencia a otras formas de saberes.
La autarquía y el autismo del conocimiento científico moderno conduce a otra cesura radical, quizá la más importante, y es que el conocimiento moderno en su estructura epistémica interna desconoce la diversidad que define y estructura el mundo humano y social. En otros términos, el conocimiento moderno se mueve en el terreno de lo universal y está incapacitado de forma ontológica a comprender las diferencias radicales que subyacen y estructuran a toda sociedad, porque las considera siempre como particularidades a ser inscritas al interior de lo universal. Desde lo universal es imposible comprender a lo particular en sí mismo, es decir, sin relación con lo universal. Por ello, el conocimiento moderno tiene una raíz teológica. Walter Benjamin tenía razón cuando decía que quien movía los hilos (el enano jorobado de su metáfora), era la teología.
El científico cree realmente que los conceptos con los que trabaja son universales, necesarios y suficientes para comprender Lo Real, al menos tal como él lo considera y lo asume. Bajo ninguna circunstancia pasa por su cabeza el hecho de que esas hipótesis puedan estar mediadas por circunstancias históricas concretas y definidas. Al incapacitarse a comprender la diversidad y sus alteridades, se incapacita a comprender a su propia sociedad y, de esta manera, a su propia historia.
El conocimiento moderno es a-histórico y a-social. Esta cesura radical con respecto a su sociedad y a su historia conduce a otra cesura radical, aquella del conocimiento consigo mismo. Esto se expresa por la a-temporalidad del conocimiento científico. Su saber se pretende por fuera de toda constricción temporal, porque ello implicaría una referencia histórica y social concretas y particulares que el conocimiento moderno rechaza. En, consecuencia, el saber dominante tiene una pretensión civilizatoria.
Ahora bien, estas aporías y cesuras radicales del conocimiento moderno lo inscriben directamente al interior de los circuitos y las relaciones de poder capitalistas y modernas. El saber y el poder forman parte de una dialéctica conocida desde los inicios de la modernidad. El saber por el saber no existe. El conocimiento por amor al conocimiento es un recurso ideológico que encubre la estructura social-institucional del saber adscrita a las relaciones de poder de la sociedad. El saber, en realidad, es violencia. Todo acto de conocimiento es un acto de violencia. Violencia teológica y, paradójicamente y a pesar del oxímoron, violencia moderna.
En las sociedades modernas las condiciones del saber han sido inscritas en una estructura institucional mediada por dos instituciones fuertes que las controlan, definen y estructuran: el Estado moderno y el mercado capitalista. Fuera de estas instituciones no puede existir ningún saber socialmente reconocido y legitimado. Si un saber rebasa los canales institucionales establecidos es invisibilizado, perseguido, criminalizado o incorporado a la matriz de saber-poder existente para ser, si cabe el símil, metabolizado.
Quizá una experiencia importante de los desafíos a las estructuras de poder y el saber fue el caso de la universidad indígena Amawtay Wasi (La Casa del Saber) de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE. Cuando el movimiento indígena pensó a su universidad la pensó al interior de sus movilizaciones y resistencias al poder. Como una forma de desafío a ese poder. Por ello, en la propuesta original de la universidad indígena no hay campus universitario porque el movimiento indígena consideró que la producción del saber es un acto social y comunitario, de ahí que el campus de la universidad indígena sean las propias comunidades indígenas. Otro desafío fue contra la compartimentación del saber en unidades autárquicas y que es tan común en la universidad moderna (facultades de ciencias puras, de ciencias sociales, de ciencias jurídicas, de ciencias médicas, etc.). El movimiento indígena no compartimentó la estructura del saber de acuerdo al canon establecido sino de acuerdo a su propia vivencia cultural. Un tercer desafío fue la titulación. El movimiento indígena veía en los títulos académicos formas de dominación política más que reconocimientos académicos. De ahí su distancia con los títulos como Licenciaturas, doctorados o, de acuerdo a la imposición anglosajona vigente en el mundo, los Philosophiae Doctor, PhD.
El título que la Universidad Indígena concedía era aquel de “amawta”, es decir, sabio en el sentido que los indígenas andinos dan a esa palabra. El amawta es aquel que sabe en función de criterios éticos, humanos, sociales, democráticos, comunitarios, solidarios y temporales. En definitiva, la Universidad Indígena consideraba otra forma de saber, un saber coherente con las diversidades y alteridades radicales que conforman a toda sociedad. Huelga decir que el proyecto de universidad indígena cuando fue presentado con estos parámetros no fue conocido ni reconocido por las estructuras de poder vigente en el Ecuador.
El movimiento indígena tuvo que realizar cambios importantes a su propuesta original y acompañarla con movilización social para lograr el reconocimiento de su universidad. Esta experiencia plantea una lucha real y hace referencia a la descolonización del saber. Una lucha desigual, pero vasta y de profundas consecuencias porque afecta al sustrato civilizatorio de la dominación moderna. Las universidades populares que ahora existen desperdigadas por los territorios del Abya Yala forman parte de la comprensión que la ciencia moderna, y sus entramados institucionales, forman parte de la colonización, la dominación y el poder. De la misma manera que luchar por la defensa de los territorios es un acto de resistencia a la dominación, también lo es la lucha por la descolonización del saber.
Ahora bien, esa lucha por la decolonialidad del saber-poder está en el Ecuador en uno de sus momentos más críticos. El proyecto político de la “Revolución Ciudadana” llevado adelante por el Presidente Rafael Correa ha planteado una serie de reformas universitarias que se inscriben de lleno al interior de las denominadas “reformas de Bolonia” y del “proyecto Tuning”.
Estas reformas tienen el objetivo de liquidar cualquier forma de resistencia epistémica por parte de los movimientos sociales, en especial el movimiento indígena, y de convertir a la universidad ecuatoriana en una caja de resonancia de los conceptos y estructuras del saber dominante. Las reformas de Bolonia se plantearon en contexto de mercantilización del conocimiento y de la transferencia del saber desde el Estado como locus político-institucional hacia el mercado como locus epistémico.
Uno de los conceptos fundamentales del mercado como estructura de saber epistémico es aquel de la competencia y sus derivados en competitividad y eficiencia. Las reformas de Bolonia recuperan esos conceptos de competencia y competitividad y los inscriben de lleno tanto en la estructura cognoscitiva del saber cuanto en su trama institucional. El saber, en esta trama neoliberal del conocimiento, tiene que ser un saber por competencias. Su brújula tiene que estar orientada al mercado solo así ese conocimiento será plausible y posible. La noción de saber por competencias ha colonizado toda la estructura curricular, metodológica y epistémica de las instituciones académicas ecuatorianas. No solo eso, sino que todas ellas han convergido hacia la disciplina del marco lógico y del benchmark. Todas ellas se piensan en términos de “misión”, “visión”, “marco lógico”, etc.
En Ecuador, la “Revolución Ciudadana” ha realizado los cambios institucionales para estructurar una institución del saber que replica punto por punto la nueva episteme mercantil del conocimiento, vale decir, la colonialidad del saber/poder. De ahí dos iniciativas asumidas por el gobierno ecuatoriano y que relevan de esa praxis de la dominación neocolonial: de una parte está su programa “Prometeo” para financiar la estadía y la investigación de científicos extranjeros, o científicos nacionales que por diferentes razones trabajan en el extranjero y, de otra, el proyecto Ciudad del Conocimiento “Yachay” (Saber en kichwa).
Ahora bien, desde una posición positivista, instrumental y colonial, nada mejor que traer “gente que sabe” para que enseñe a “aquellos que no saben”. Empero, en este caso la trama colonial es transparente porque desvaloriza la producción de conocimientos en el país y considera que el “verdadero” conocimiento siempre está fuera.
Asimismo, nada mejor que evitar, por ejemplo, la biopiratería de las grandes corporaciones transnacionales proponiéndolas ser socias de un proyecto conjunto de investigación en donde el Estado asume los costos de la investigación, sobre todo en biotecnologías y exploración extractiva, y las corporaciones asumen el costo de patentar en beneficio propio esos conocimientos, tal como está estructurado el Proyecto Ciudad del Conocimiento “Yachay”.
Empero, detrás de esas iniciativas subyace un fenómeno más complejo y de fondo. No se trata de elevar la calidad del conocimiento, ni de que las universidades ecuatorianas, todas ellas devastadas por la ola neoliberal y ahora desarticuladas por la nueva ola posneoliberal, asuman criterios coloniales del saber para ser calificadas por las nuevas estructuras institucionales que controlan la producción del saber (como por ejemplo los requisitos de PhD para todos los profesores del sistema universitario ecuatoriano), sino de evitar que surjan iniciativas como aquella propuesta por el movimiento indígena ecuatoriano de resistir la dominación epistemológica creando sus propios marcos e instituciones de saber. En efecto, si el movimiento social ecuatoriano pretende crear una institución al estilo de la universidad indígena Amawtay Wasi, que desafíe los contenidos de la dominación teórica y epistémica, ahora sería imposible. El pequeño espacio social que fue abierto por la movilización indígena en la década de los noventa y que permitió proponer y crear ese espacio de disputa con el poder, se ha cerrado irrevocablemente.
Quizá por ello no estaba equivocado José Carlos Mariátegui, el pensador marxista peruano y que más que ningún otro comprendió lo que estaba en juego detrás de la denominada “cuestión indígena”, cuando llamó a su revista “Amawta”. Tampoco estaban equivocados los indígenas peruanos que denominaron a Mariátegui, precisamente, “el Amawta”. En tiempos posneoliberales los amawtas (amawtaykuna)son un peligro porque rasgan la hegemonía del poder teórico, lo demuestran en sus simulacros y en su violencia.
De la misma manera que la reforma política de la Revolución Ciudadana del presidente ecuatoriano Rafael Correa buscaba disciplinar al movimiento social ecuatoriano al interior de las coordenadas de liberalismo y, de esta forma, suprimir cualquier posibilidad emancipatoria por fuera del liberalismo y la modernidad; así, la reforma universitaria que está proponiendo y llevando adelante el gobierno ecuatoriano busca poblar de PhD (doctores en cuarto nivel de formación) al sistema universitario, justamente para evitar que se formen amawtas, es decir, sabios.
23 de abril del 2013
Capítulo Ecuador es un espacio de construcción de dialogo, análisis y debate, conformado desde el 2008 por intelectuales e investigadores ecuatorianos que realizan un trabajo conjunto con redes sociales de America Latina con el propósito de contribuir con propuestas y alternativas para la sociedad ecuatoriana y latinoamericana.
martes, 23 de abril de 2013
miércoles, 23 de enero de 2013
Elecciones y posneliberalismo en el Ecuador
Elecciones y posneoliberalismo en el Ecuador
Pablo Dávalos*
Cuando se produjeron los trágicos eventos del 30 de septiembre del 2010 en virtud de los cuales una huelga policial y militar casi se transforma en golpe de Estado, el partido gobernante del Ecuador, Alianza País, acusó inmediatamente al partido de derecha, Sociedad Patriótica, del ex –presidente Lucio Gutiérrez, de ser el promotor y verdadero culpable de esos eventos. Quizá sin proponérselo, con esta acusación Alianza País estaba ubicando de forma exacta a los actores de la reforma del Estado, en un contexto en el que este partido estaba cerrando el sistema político ecuatoriano en función de sus propios requerimientos y de su propio proyecto de largo plazo.
En esa reforma del Estado, Alianza País quería convertirse en el centro y referente de la política ecuatoriana y no admitía otra oposición que aquella que podría provenir de Sociedad Patriótica. Los demás partidos políticos, tanto de derecha cuanto de izquierda, así como las organizaciones sociales del Ecuador, desaparecían del horizonte político que Alianza País estaba definiendo. La única oposición que reconocía era aquella que provenía, justamente, de Sociedad Patriótica. Entre ambos partidos se inscribiría y registraría la refundación del sistema político ecuatoriano.
De esta manera, Sociedad Patriótica se constituía en el verdadero alter ego de Alianza País. Las virtudes del uno se convertían en los defectos del otro, y viceversa. Cuando Alianza País miraba al espejo de la política, en su envés siempre veía las sombras de Sociedad Patriótica. A los demás partidos, Alianza País siempre los trató con el desprecio de ser parte de la corrupta “partidocracia” (término acuñado por Alianza País) que había provocado la crisis o de “izquierdistas infantiles” que no comprendían que toda estrategia de desarrollo y modernización tiene costos sociales y consecuencias ambientales inevitables.
En esta relación entre Alianza País y Sociedad Patriótica habían lazos compartidos, estrategias afines y, de hecho, ambos partidos tenían en común un nada despreciable número de figuras políticas. De hecho, muchos de los militantes y cuadros más importantes de Alianza País provenían, precisamente, de Sociedad Patriótica. Muchos de los secretarios de Estado de Alianza País, fueron también ministros durante el breve gobierno de Sociedad Patriótica. El alcalde de la capital, personaje clave de Alianza País, fue también un importante cuadro del gobierno de Sociedad Patriótica, además de hombre de confianza del Banco Mundial. Algunos de los diputados más importantes de Alianza País fueron también, en su momento, funcionarios y cuadros políticos de Sociedad Patriótica. No solo eso, sino que las estrategias de refundación del sistema político ecuatoriano que se iniciaron en el año 2007 desde la asunción al poder de Alianza País, habrían sido imposibles sin la anuencia, consentimiento y colaboración implícita de Sociedad Patriótica.
Esta reforma política, en consecuencia, estaba pensada para oscilar entre estos dos partidos como sus polos naturales y extremos. Por ello, en esos momentos dramáticos y de tensión que fueron los eventos de fines de septiembre del año 2010, Alianza País no pensó en nadie más que en Sociedad Patriótica. Así, este partido no era solo su alter ego sino también su Némesis.
Ahora bien, la reforma política que Alianza País estaba generando no estaba hecha para ampliar los derechos, ni para posicionar mejores mecanismos de participación democrática de la sociedad, ni para transformar la estructura económica ni las estructuras del poder, sino para garantizar su propia hegemonía y, de esta manera, permitir los nuevos procesos de acumulación capitalista que en América Latina asumen la forma de reprimarización de la economía, el extractivismo, el control y la criminalización social. Un proceso que ha sido denominado, quizá por el cinismo de los nuevos discursos de poder, como “progresista” e incluso “socialista”.
En esta reforma política, el partido hegemónico controla al Estado y, por esa vía, pretende controlar a la sociedad. Es por ello que tiene que cerrar todos los espacios políticos posibles. La única válvula de escape a esa presión es una oposición legítima y funcional a la hegemonía del partido gobernante. La democracia se convierte en mecanismo disciplinario. Las elecciones se transforman en dispositivos de legitimidad para la hegemonía del nuevo poder. La violencia, que en los tiempos neoliberales radicaba en el mercado, retorna a su sitio de origen: el Estado.
A todo este proceso que conjuga las nuevas dinámicas de la acumulación del capital con la utilización estratégica de la política en función de la hegemonía de un partido político, mediante el control absoluto del Estado y la pretensión de control a la sociedad, lo he denominado “posneoliberalismo”, en un afán de entender que la violencia neoliberal continúa en los gobiernos posneoliberales.
Ahora bien, quizá esta reflexión sea necesaria para comprender desde otra perspectiva el inminente proceso electoral ecuatoriano. Independientemente de las encuestas y los análisis de coyuntura, la cuestión de fondo es que el proceso electoral ecuatoriano está hecho, paradójicamente, para cerrar más al sistema político e impedir cualquier posibilidad de democracia y participación social.
En estas elecciones no está en juego la democracia sino la hegemonía del partido de gobierno. Estas elecciones no cambiarán un milímetro las coordenadas de la acumulación capitalista ni tampoco la violencia que de ella deriva, ni las relaciones de poder que le son correlativas. Su lógica es aquella del gatopardo. Por ello, no resultaría nada extraño que los dos partidos finalistas de este proceso electoral sean, precisamente, Alianza País y Sociedad Patriótica. Serán ellos quienes, a la larga, centralicen el debate político y se sitúen en las antípodas de la reforma política excluyendo a los demás. Serán ellos quienes asuman los límites y posibilidades de la reforma política del Estado necesaria para el extractivismo y la democracia disciplinaria, y será uno de ellos quien asuma la forma política de la violencia posneoliberal.
*Pablo Dávalos, economista y catedrático ecuatoriano.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Noam Chomsky
Cuando la parodia raya en tragedia Noam Chomsky*
Domingo, 09 de Septiembre de 2012
No es fácil escapar de nuestra piel y ver al mundo de una forma diferente a como se nos presenta día con día. Pero es útil intentarlo. Probemos con algunos ejemplos.
Los tambores de guerra están batiendo cada vez con más fuerza respecto de Irán. Imaginemos que se invirtiera la situación.
Irán está librando una mortífera y destructiva guerra de bajo nivel contra Israel, con participación de las grandes potencias. Sus líderes anuncian que las negociaciones no están llegando a nada. Israel se niega a firmar el tratado de no proliferación nuclear y a permitir inspecciones, como ha hecho Irán. Israel sigue rechazando los abrumadores exhortos internacionales para establecer una zona sin armas nucleares en la región. A lo largo de todo el proceso, Irán cuenta con el apoyo de su padrino, la superpotencia.
Los líderes iraníes anuncian entonces sus intenciones de bombardear a Israel. Destacados analistas militares iraníes señalan que el ataque podría ocurrir antes de las elecciones en Estados Unidos.
Irán puede utilizar su potente fuerza aérea y los nuevos submarinos enviados por Alemania, armados con misiles nucleares y estacionados frente a la costa de Israel. Sea cual fuera el calendario, Irán cuenta con que la superpotencia que lo respalda participe en el ataque, si es que no lo encabece. Leon Panetta, secretario estadunidense de Defensa, declara que si bien no está en favor de un ataque de esa naturaleza, como país soberano Irán puede actuar conforme más le convenga.
Todo esto, por supuesto, es impensable aunque de hecho está sucediendo con los personajes invertidos. Es verdad, las analogías nunca son exactas y ésta es injusta... para Irán.
Al igual que su padrino, Israel recurre a la violencia a voluntad. Persiste en los asentamientos ilegales en los territorios ocupados, algunos de ellos ya anexados, en un desafío descarado del derecho internacional y del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En repetidas ocasiones ha lanzado ataques brutales en contra de Líbano y de la enclaustrada población de Gaza, matando a decenas de miles de personas sin ningún pretexto creíble.
Hace 30 años, Israel destruyó un reactor nuclear iraquí, acto que recientemente ha recibido encomios, evitando las sólidas evidencias, incluso de los servicios secretos estadunidenses, de que ese bombardeo no le puso fin al programa de armas nucleares de Saddam Hussein, sino más bien lo inició. El bombardeo de Irán podría tener el mismo efecto.
Irán también ha lanzado agresiones, pero en los últimos siglos sólo lo hizo durante el régimen del sha, que contaba con el apoyo de Estados Unidos, cuando conquistó las islas árabes del golfo Pérsico.
Irán emprendió su programa de desarrollo nuclear con el sha, con el fuerte apoyo oficial de Estados Unidos. El gobierno iraní es brutal y represivo, como lo son los aliados de Washington en la región. Su aliado más importante, Arabia Saudita, es el régimen fundamentalista islamita más extremo y gasta enormes fortunas para difundir sus doctrinas radicales wahabitas en otros países de la región. Las dictaduras del golfo Pérsico, también aliados favorecidos por Estados Unidos, han reprimido durante cualquier intento popular por participar de la primavera árabe.
El Movimiento de los Países No Alineados –los gobiernos de la mayoría de la población mundial– se reunió recientemente en Teherán. El grupo ha endosado fervorosamente el derecho de Irán a enriquecer uranio y algunos de sus miembros, como India, por ejemplo, aplican el duro programa de sanciones estadunidenses sólo de forma parcial y con reticencias.
Los delegados del Movimiento de los Países No Alineados reconocen la amenaza que domina la discusión en Occidente, articulada lúcidamente por el general Lee Butler, ex jefe del comando estratégico de Estados Unidos: "Es peligroso en extremo que, en el caldero de animosidades que llamamos Medio Oriente", una nación se equipe con armas nucleares, lo cual"inspira a otras naciones a hacer lo mismo".
Butler no se refería a Irán, sino a Israel, que en los países árabes y en Europa se considera que constituye la mayor amenaza para la paz en la región. En el mundo árabe, Estados Unidos está clasificado en el segundo lugar de las amenazas mientras que Irán, aunque no lo quieren, provoca mucho menos miedo. Efectivamente, muchas encuestas señalan que la mayoría considera que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares para contrarrestar las amenazas que perciben.
Si Irán efectivamente está avanzando para dotarse de armas nucleares –cosa que hasta ahora no saben los servicios secretos estadunidenses–, podría deberse a que se siente "inspirado" a hacerlo por las amenazas israelíes y estadunidenses, emitidas sistemáticas en violación explícita de la Carta de Naciones Unidas.
¿Por qué entonces el discurso occidental oficial presenta a Irán como la mayor amenaza para la paz mundial? La razón principal es reconocida por las fuerzas armadas y los servicios secretos estadunidenses e israelíes: Irán podría disuadir a Estados Unidos e Israel de recurrir a la fuerza.
Aun más, Irán debe ser castigado por su "exitosa rebeldía", que fue la acusación de Washington contra Cuba hace medio siglo, y que sigue siendo la fuerza motriz de los ataques estadunidenses contra la isla, a pesar de las condenas internacionales.
Otros eventos que se presentan en la primera plana de los diarios podrían beneficiarse también si los vemos desde otra perspectiva. Supongamos que Julian Assange hubiera publicado documentos rusos que revelaran información importante que Moscú quisiera ocultar del público, y que las demás circunstancias fueran idénticas.
Suecia no titubearía en realizar su único interés anunciado, aceptando el ofrecimiento de interrogar a Assange en Londres. Declararía que si el fundador de Wikileaks regresara a Suecia (como él mismo ha aceptado hacer) no sería extraditado a Rusia, donde son muy escasas las posibilidades de que tenga un juicio justo.
Suecia sería reconocida por su posición conforme a sus principios. Julian Assange sería elogiado por realizar un servicio público; lo que, por supuesto, no obviaría la necesidad de tomar las acusaciones en su contra tan en serio como en cualquier otro caso de ese tipo.
La noticia más destacada del día en Estados Unidos son las elecciones. Louis Brandeis, juez de la Suprema Corte estadunidense, ofreció una perspectiva muy apropiada con estas palabras: "Podemos tener democracia en este país, o podemos tener la riqueza concentrada en manos de unos cuantos, pero no podemos tener las dos cosas al mismo tiempo."
Guiados por esa perspectiva, la cobertura de las campañas electorales deberían concentrarse en el efecto de la riqueza en política, analizado ampliamente en el reciente estudio de Martin Gilens, Prosperidad e influencia: La desigualdad económica y la fuerza política en Estados Unidos. Él encontró que la gran mayoría es"incapaz de influir en la política del gobierno" cuando sus preferencias divergen de las de los ricos, los cuales básicamente obtienen lo que quieren cuando algo les importa.
No es sorprendente, pues, que en una reciente clasificación de los 31 miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, Estados Unidos haya quedado en el lugar número 27 en términos de justicia social, a pesar de sus extraordinarias ventajas.
Ahora bien, el tratamiento racional de los asuntos tiende a evaporarse en las campañas electorales, en formas que a veces rayan en la comedia.
Para poner un ejemplo, Paul Krugman asegura que el tan admirado Gran Pensador del Partido Republicano, Paul Ryan, reveló que sacó sus ideas sobre el sistema financiero del personaje de una novela de fantasía –Atlas Shrugged, de Ayn Rand–, que aboga por el uso de monedas de oro en lugar de papel moneda.
Solamente queda inspirarnos en un escritor realmente distinguido, Jonathan Swift. En Los viajes de Gulliver, los sabios de Lagado llevan consigo a cuestas todas sus pertenencias, que utilizan en los trueques sin las molestias del oro. Entonces la economía y la democracia podrían florecer verdaderamente. Y, lo mejor de todo, las desigualdades se reducirían notablemente, lo que sería un regalo para el espíritu del juez Brandeis.
(La recopilación de artículos más reciente de Noam Chomsky es Making the Future: Occupations, Interventions, Empire and Resistance).
* Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Massachusetts
© 2012, Noam Chomsky
Publicado en : http://www.educacioncontracorriente.org/index.php?option=com_content&view=article&id=59292%3Acuando-la-parodia-raya-en-tragedia-noam-chomsky&catid=14%3Amaestros&Itemid=29
miércoles, 15 de agosto de 2012
CONAIE RECHAZA LA CONDENA A LOS DEFENSORES DEL AGUA EN EL ECUADOR
CONAIE RECHAZA LA CONDENA A LOS DEFENSORES DEL AGUA EN EL ECUADOR
Ante la sentencia de la Corte Nacional de Justicia que rechaza el recurso
de casación presentado por los compañeros Carlos Pérez Guartambel,
Presidente de los Sistemas de Agua Comunitarios del Azuay, Federico Guzmán
y Efraín Arpi Soria, la CONAIE expresa su enérgico rechazo a la
criminalización de la protesta social, con las acusaciones de sabotaje y
terrorismo a los humildes campesinos y agricultores, cuya única acción ha
sido levantarse en defensa de las fuentes de las aguas que los ciudadanos
cuencanos beben.
La intención del gobierno Nacional era imponer el proyecto de ley de
recursos hídricos sin consulta pre legislativa, atentando a los derechos
colectivos y poniendo en riesgo el derecho humano al agua y la soberanía
alimentaria.
Los mencionados compañeros fueron acusados en primera instancia por parte
de la Fiscalía del Azuay de sabotaje y terrorismo, para luego cambiar a
obstaculización de vías. El Tribunal Penal del Azuay, les declaró
inocentes, pero la Corte del Azuay les culpó y condenó a ocho días de
reclusión. Con la decisión de la Corte Nacional de Justicia se ratifica la
sentencia en contra de los defensores de la vida y del agua. La resolución
refleja el estado de politización de la administración de justicia y deja
al descubierto la influencia y el control de las distintas funciones del
Estado por parte del Ejecutivo.
Este hecho corrobora la política de represión y hostigamiento a los
luchadores sociales que defienden el agua, la vida y los derechos de los
pueblos, enfrentando al modelo de explotación y despojo que el gobierno de
la Revolución Ciudadana intenta imponer en los territorios de los pueblos
y nacionalidades.
Ni la cárcel, ni las amenazas detendrán nuestras acciones en defensa de la
vida y el agua, nuestra lucha es democrática, pacifica y no descansaremos
en nuestras demandas hasta que sea un verdadera realidad el Estado
Plurinacional. Con la firmeza de nuestros pueblos y por la memoria de
nuestros héroes, jamás vamos a bajar nuestras acciones de lucha y
reiteramos nuestra solidaridad con sus familiares y las comunidades hoy y
siempre.
Denunciamos a la opinión internacional que en Ecuador se ha sentenciado a
luchadores por el agua, a quienes declaramos ejemplo de la resistencia
social.
HUMBERTO CHOLANGO
Presidente
CONAIE
lunes, 9 de julio de 2012
Pachakutik Ecuador
MOVIMIENTO DE UNIDAD PLURINACIONAL PACHAKUTIK-ECUADOR
Boletín de Prensa
Salvador Quishpe Asume Precandidatura Presidencial
El dirigente Saraguro, Salvador Quishpe, ex legislador y actual prefecto provincial de Zamora Chinchipe, informó que asume la precandidatura presidencial propuesta por Pachakutik a la Coordinadora Plurinacional por la Unidad de las Izquierdas.
En rueda de prensa realizada en la sede de Pachakutik en Quito, Salvador Quishpe, indicó que el Consejo Político Nacional de Pachakutik reunido el sábado 7 de julio resolvió su postulación de conformidad a los estatutos y acuerdos de la Coordinadora Plurinacional. Su nombre se integra a la nómina de los precandidatos ya propuestos por los diversos movimientos y partidos de las izquierdas ecuatorianas, que incluyen a Gustavo Larrea de Participación, Lenin Hurtado y Luis Villacís del MPD, Alberto Acosta de Montecristi Vive y Manuel Salgado de la Corriente Socialista Revolucionaria.
Unidad Plurinacional
Salvador Quishpe declaró que asume el desafío propuesto por su organización política, como un reto para fortalecer la unidad del conjunto de los pueblos y nacionalidades y de la ciudadanía ecuatoriana, emprendiendo en una gran minga plural por construir en base a la equidad y la democracia el buen vivir en una sociedad auténticamente plurinacional, que deje atrás siglos de opresión, discriminación y exclusión, que hoy se expresan en el gobierno autoritario de Correa en la criminalización de la protesta social, del pensamiento y de la democracia.
Queremos un gobierno que garantice las libertades, sin perseguidos políticos, basado en el respeto a la diversidad cultural, política, social, en el respeto a todas y todos y no en la represión y el abuso.
Quishpe hizo un llamado a defender la soberanía de la nación y cuestionó el nuevo endeudamiento externo ejecutado por el actual gobierno que solo con China suma más de 7.300 millones de dólares, la entrega del patrimonio minero, del oro que es de todas y todos los ecuatorianos a empresas transnacionales, la adhesión a la CONVEMAR que implica la renuncia a la plena soberanía sobre 1 millón de kilómetros cuadrados de mar territorial, violando flagrantemente la Constitución.
Queremos un gobierno que defienda la vida y la naturaleza, el agua, la diversidad genética, que valore, proteja y potencie los conocimientos y saberes de los pueblos y nacionalidades, en el camino de forjar una sociedad intercultural y plurinacional.
Salvador Quishpe denunció la traición de Correa a la demanda legítima de una revolución agraria, que implica pérdidas masivas de recursos por ejemplo, por la importación de más del 95% del trigo que consumimos, subordinando la alimentación de todas y todos a los intereses de potencias extranjeras como Estados Unidos y Canadá, que proveen la mayor parte de ese trigo. Es necesaria la redistribución de la tierra y el agua con equidad para garantizar la soberanía alimentaria del país y el derecho de toda la población a la alimentación que es el principal derecho que debe garantizar el Estado.
A la vez cuestionó el fraude de las políticas sociales del correísmo que están destruyendo el derecho de la juventud a un bachillerato técnico y al acceso a una educación universitaria, universal, gratuita y de alta calidad.
Salvador Quishpe señaló que recorrerá el país con todos los pre canditatos de la Coordinadora Nacional, para que sean los movimientos sociales y el pueblo ecuatoriano en su conjunto quien decida el nombre del candidato presidencial de la Unidad, que derrotará a Correa en las elecciones del 2013.
Comunicación Pachakutik
jueves, 21 de junio de 2012
DECLARACION DE LA CUMBRE DE LOS PUEBLOS CONTRA EL G20
DECLARACION DE LA CUMBRE DE LOS PUEBLOS CONTRA EL G20
Mujeres y Hombres de los movimientos y organizaciones sociales mexicanas, delegaciones de más de 30 países que expresamos las resistencias en los 5 continentes al modelo neoliberal, reunidos en la Cumbre de los Pueblos denunciamos:
Que la Cumbre del G20 es un espacio ilegítimo:
Por romper con el multilateralismo: rechazamos que unos cuantos gobiernos asuman que tienen el mandato para definir qué debemos hacer el resto del planeta.
Por ser una ampliación de países que integran el G7, responsables directos de los graves problemas económicos, financieros, sociales y ambientales que enfrenta la humanidad, no pueden ser juez y parte.
Porque ninguna de sus propuestas será en beneficio de los más pobres. Sus respuestas a la crisis están sustentadas en mantener el sistema actual sin ninguna modificación de fondo.
Porque es la alianza entre las élites tecnocráticas/políticas globales con el poder corporativo multinacional.
Porque los diálogos que desde el G20 se fingen establecer con la sociedad, no son con todos. De ahí que los participantes en la Cumbre de los Pueblos siempre nos neguemos a participar en ellos. Exigimos debatir las diferencias de fondo y que sean de cara a la sociedad. Denunciamos que el gobierno mexicano ha querido mostrar una cara democrática impulsando procesos de diálogo en los que participaron sólo algunas de las posturas existentes en la sociedad civil, con exclusión de otras coaliciones tanto nacionales como internacionales. Finalmente es ilegítimo porque ellos son 20, nosotr@s somos 7 mil millones. Crean exclusión, nosotr@s creamos inclusión.
La crisis se manifiesta en todos los ámbitos de nuestra vida, la sufrimos todas y todos. Pocos, caros e insanos alimentos, pérdida de empleos, cambio climático y riesgo de sobrevivencia de la vida en el planeta. La causa es única: el afán desmedido de ganancia, esencia del capitalismo que en sus últimas décadas se ha tornado especulador, salvaje, depredador y antidemocrático.
Capitalismo Especulador: Hoy es más negocio especular que producir. Vender a precio de oro ilusiones de ganancias futuras y convertir en “activos financieros” todo. Hoy se especula con papeles de deudas, la venta a futuro de alimentos y materias primas, las capacidades naturales de nuestros bosques, biodiversidad y demás bienes comunes para tratar de sanar el ciclo de vida de la Pacha Mama.
Todo se convierte en bonos que se tranzan en las bolsas de valores en medio de un sin número de corruptelas con complicidad de los Estados. Cuando estos bonos especulativos se desinflan y toman su valor real, los bancos entran en crisis y socializan sus perdidas. Entonces, los Estados los salvan con nuestro dinero, con nuestro desempleo, deterioro de nuestros servicios de salud y educación, etc.
Capitalismo Salvaje: Se deja todo a la competencia, al libre comercio, a la ley del más fuerte. Los Estados se han convertido en guardianes de esta competencia y se olvidan de su papel de garantes de derechos de la ciudadanía y comunidades. Sin embargo, al estallar la crisis sí asumen gustosos el garantizar “los derechos” de los inversionistas institucionalizando la violación de todos los derechos de la gente.
Capitalismo Depredador: El otro gran campo privilegiado de negocios actual es la sobreexplotación de recursos naturales: minería toxica, extracción de petróleo, etc. Ello depreda amplísimos territorios, contamina el agua, la atmósfera y acelera el calentamiento del planeta. Si no se detiene este calentamiento, se derretirán los polos y con ello aumentará el nivel del mar. Se hundirán bajo el agua amplias zonas costeras e incluso países isleños completos. Aumentarán los ciclones. Y sea hará inviable la agricultura en algunos lugares antes fértiles, etc.
Es este modelo de capitalismo neoliberal y patriarcal lo que nos llevó a la crisis actual que no tiene precedentes. Rechazamos las recetas que los países del G20 quieren imponer al mundo, un modelo basado en el libre mercado que no funciona. La crisis multidimensional que estamos enfrentando llama a un cambio de sistema. Los pueblos deben ser partícipes de ese necesario giro de paradigma. Los líderes del G20 reiterarán un llamado en contra del proteccionismo. Nosotras y nosotros, pueblos de este mundo, decimos que el proteccionismo es una respuesta soberana; es el momento de proteger el planeta, los territorios y nuestros sistemas de protección social.
Capitalismo Antidemocrático. El G20 se abrogó el papel de gobernante mundial pero a su vez asume en su interior a los poderosos especuladores y retoma sus propuestas. La crisis no es solo económica, social y ambiental es también la crisis de la democracia. El G20 y su núcleo de poder en el Bussines 20 es la prueba palpable de una especie de privatización del Estado. Es un golpe de Estado en el que las corporaciones mundiales toman las decisiones que nos afectan a todas y todos, y al no ser electos no dan cuentas a nadie.
Es antidemocrático porque está dispuesto a mantener este capitalismo con el uso de la fuerza militar como lo muestra la actual re-ubicación y ampliación de las bases militares y las invasiones en países de medio oriente.
Es antidemocrático porque ante la lucha de los pueblos por sus derechos responde con la criminalización de la protesta social.
Frente a ello, la Cumbre de los Pueblos lucha por una cambio, no solo económico, sino de valores, de formas de pensar, de vivir, de relacionarnos con la naturaleza y entre nosotras y nosotros, en suma por una nueva civilización cuya racionalidad no es la ganancia y el consumo sino el “buen vivir”. La Cumbre de los Pueblos que se continuará en Río de Janeiro son pasos en el ya largo camino de globalizar las luchas y constituirnos en un gran actor multisectorial y global que empuje verdaderas soluciones para el planeta y el 99% de la humanidad.
Llamamos a fortalecer la unidad, la resistencia, la articulación de los movimientos sociales globales levantando como ejes de lucha:
La construcción de un nuevo sistema monetario y financiero que garantice:
Control y regulación de las entidades bancarias y financieras que implica la eliminación de la especulación con alimentos y materias primas y la financiarización de la naturaleza
Soberanías monetarias regionales
Impuesto a las Transacciones Financieras Internacionales
Eliminación de los privilegios a los inversionistas extranjeros en los Tratados Bilaterales de Inversión y TLC’s y los injustos mecanismos de solución de controversias como el CIADI
Eliminación de los Paraísos Fiscales
Auditoraje de las deudas externas a fin de no pagar las deudas ilegitimas y corruptas
La defensa y protección de nuestros territorios y recursos:
Derecho de las comunidades a decidir sobre la realización de megaproyectos en su territorios
Derecho universal a una alimentación sana , libre de transgénicos y producida agroecológicamente por campesinos que garantice la soberanía alimentaria
No a la minería toxica y a cielo abierto
Derecho a la información, democratización de los medios y acceso universal al Internet.
Por todos los derechos para todos y todas
Empleos con prestaciones, salarios dignos, derechos colectivos que incluyan condiciones justas e igualitarias para las trabajadoras
Derecho universal a la salud, la educación, al agua, a una vivienda digna, un ambiente sano. En suma a una vida digna.
Invitamos a todos y todas a mantener la movilización permanente contra el poder corporativo multinacional y sus gobiernos que se reunirán en Rusia en 2013.
Fortalezcamos el poder popular y de la ciudadanía. Globalicemos la lucha, la resistencia y la solidaridad de nuestros pueblos.
No al G20 porque no nos representa, porque es la voz de los saqueadores y defiende por encima de nuestros derechos los intereses del gran capital que tiene en los especuladores su máxima perversión.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Los movimientos sociales en el posneoliberalismo
Los movimientos sociales en el posneoliberalismo:
De la resistencia a la esperanza
Pablo Dávalos
En Ecuador, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, conjuntamente con otras organizaciones sociales, llevaron adelante la Marcha Plurinacional por el Agua, por la Vida y la Dignidad de los Pueblos, del 8 al 22 de marzo de 2012, con una plataforma de 19 puntos entre los que constaban la oposición a la megaminería a cielo abierto, la defensa del agua, el rechazo a la criminalización social, entre otras; demandaban, además, el cumplimiento de los derechos que constan en la Constitución y que no han sido ni cumplidos ni respetados por el gobierno de Alianza País.
En Bolivia, en cambio, la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia, CIDOB, con el apoyo del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyo, CONAMAQ, y otras organizaciones sociales, en especial aquellas de los territorios indígenas del TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure), realizaron, en septiembre de 2011, la VIII Marcha Indígena por la defensa del TIPNIS, los derechos territoriales, el medio ambiente, las áreas protegidas, los derechos colectivos y la libre determinación de los pueblos indígenas, y anuncian la realización de la IX Marcha para el 25 de abril de 2012 que, además, cuenta con el apoyo de la histórica COB (Central obrera boliviana).
Las organizaciones bolivianas realizan esta marchaen oposición a la construcción de la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos, que partiría en dos el TIPNIS y lo integraría a los procesos de mercantilización y privatización territorial contenidos en los planes de integración de la IIRSA (Iniciativa de Integración de la Infraestructura de Sud América) y que, según las organizaciones indígenas, expresa el compromiso cada vez creciente del gobierno de Evo Morales con las transnacionales de la minería, el petróleo, el agronegocio e, incluso, el narcotráfico.
Es significativo que en ambos países las organizaciones indígenas y sociales se opongan a gobiernos que se han autocalificado de izquierda y que gozan de un amplio reconocimiento a nivel mundial como gobiernos progresistas y críticos al neoliberalismo.También es significativa la forma por la cual ambos gobiernos, tanto Alianza País en el Ecuador, cuanto el Movimiento Al Socialismo, MAS, en Bolivia, se han confrontado a estas marchas y han utilizado todos los recursos del Estado para boicotearlas, deslegitimarlas, manipularlas, minimizarlas y, finalmente, reprimirlas. Son comunes los argumentosutilizados por ambos regímenes tanto para legitimarse a sí mismos cuanto para desacreditar a las organizaciones sociales, así como son parecidas las estrategias de cooptación, división social y confrontación con organizaciones o redes clientelares creadas por estos gobiernos.
Así por ejemplo, en Ecuador, Alianza País utiliza el respaldo de organizaciones relativamente pequeñas como la FEI, o la Red Agraria, para oponerlas a la CONAIE;moviliza también al sector público y a los receptores de las transferencias monetarias condicionadas, el Bono de Desarrollo Humano, para crear la sensación de un enorme y multitudinario apoyo a su favor. En Bolivia, el MAS llegóa inventarse un movimiento social, el CONISUR (Consejo Indígena del Sur), para confrontar a la CIDOB y la CONAMAQ y, de paso,incumplir con los compromisos que la VIII marcha en defensa del TIPNIS le había obligado a suscribir.
Ahora bien, es necesario referir y contextualizar estas marchas indígenas y sociales, que no solamente se producen en Ecuador y Bolivia sino en toda Abya Yala, al interior de las resistencias a los procesos de acumulación por desposesión que caracterizan al posneoliberalismo, es decir, aquel momento de la historia en el cual aparentemente en Abya Yala (América) se ha superado el neoliberalismo duro del Consenso de Washington para entrar, en cambio, en la privatización de los territorios, los recursos naturales y la criminalización social.
La presión extractivista de las transnacionales, sobre todo de la megaminería a cielo abierto y el agronegocio (soja transgénica, maíz transgénico, biocombustibles, etc.), está provocando una fuerte disputa sobre los territorios, los recursos naturales y la soberanía estatal. El despojo, la expropiación, y la violencia del extractivismo están generando el mismo miedo social y la misma pobreza que en su tiempo provocaron las políticas de shock del FMI.
El extractivismo, de otra parte, está transformando los sistemas políticos de la región hacia modelos de dominación política cada vez más autoritarios, violentos, panópticos y clientelares.
En esa dinámica, la criminalización social, la represión y la eliminación de las resistencias sociales, van de la mano del incremento del gasto fiscal en salud y educación, así como de un amplio abanico de transferencias monetarias condicionadas, creadas, además, desde el Banco Mundial (en Ecuador: Bono de Desarrollo Humano; en Bolivia: Bono Juancito Pinto).
Este proceso simultáneo de criminalización y asistencialismo clientelar, a veces se acompaña de una retórica nacionalista y de una fuerte crítica al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, por parte de Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. Una crítica que ha demostrado ser irrelevante cuando se trata de entregar los recursos naturales a las transnacionales.Sin embargo, esto ha conducido a que varios sectores de izquierda a nivel mundial, apoyen a estos gobiernos incluso en contra de las organizaciones sociales que luchan y resisten al extractivismo.
La marcha organizada por la CONAIE en Ecuador en contra de la minería a cielo abierto y en defensa del agua, así como la marcha en defensa del TIPNIS que realizaron la CIDOB y la CONAMAQ en Bolivia, indican una recuperación del movimiento social y de sus posiciones críticas, y el fracaso de la intención gubernamental de adscribir a estas organizaciones y movimientos sociales a sus propias dinámicas. Estas marchas tienen varios puntos en común y están generando un proceso de transición política en Abya Yala, que es necesario señalar.
Uno de los primerosaspectos que comparten las organizaciones sociales de Bolivia y Ecuador es que sus movilizaciones han logrado arrebatar la iniciativa política a sus respectivos gobiernos y estánllevandoal debate político y sus definiciones por fuera de las coordenadas del liberalismo. Los movimientos sociales no esperan el tiempo electoral, ni tampoco confían en las instituciones del sistema político liberal (como el parlamento) para frenar al extractivismo, porque saben que la definición y disputa realse juega por fuera de los márgenes del sistema político.
Es una ingenuidad pensar que la acumulación del capital, sobre todo en su fase de desposesión y extractivismo, pueda contenerse solamente utilizando las instituciones liberales. En general, esas instituciones sirven para imponer las prioridades que nacen desde la acumulación del capital y casi siempre son de una sola vía, aquella que nace desde el poder.Precisamente por ello han recuperado la movilización, porque saben que fue con la movilización que pudieron frenar el neoliberalismo, e intuyen que será con la movilización que detendrán al extractivismo.
Empero, este cambio de las reglas de juego resiente a los gobiernos que quieren que la conflictividad social se procese desde las coordenadas disciplinarias del liberalismo. Estos gobiernos están plenamente conscientes del rol político que tiene la movilización, porque cuando estuvieron del otro lado de la orilla apostaron todo, precisamente, a la movilización social. Su constitución como opciones políticas nació con la movilización, por ello ahora pretenden controlarla y asumirla como prerrogativa propia. En virtud de que estos gobiernos nacieron desde la movilización y la resistencia al neoliberalismo,asumen que tienen patente de corso sobre la movilización social. Por eso, los gobiernos de Ecuador y Bolivia, han acusado a los movimientos sociales de estar respaldado por la CIA norteamericana, por la derecha oligárquica, por los grupos tradicionales de poder que utilizan al movimiento social para restaurar el statu quo, etc. Todo con tal de evitar que la movilización social regrese nuevamente a los movimientos sociales.
Asimismo, han acusado a las organizaciones sociales de aprovechar las movilizaciones para posicionarse electoralmente y han negado validez a la agenda de los movimientos sociales, haciendo uso, de esta manera, de la misma retórica que utilizaban los regímenes neoliberales para desacreditar a las movilizaciones sociales. Han intentado, incluso, desprestigiarlas utilizando criterios racistas, sexistas, machistas y xenófobos. Los gobiernos “progresistas” de Ecuador y Bolivia tienen miedo cerval a la movilización social porque saben que éstas pueden generarles un vacío político cuyas consecuencias no quieren ni siquiera imaginar.
En ambos países, los gobiernos también han utilizado sus redes clientelares para movilizarlas en contra de los movimientos sociales y han tratado de provocarlos generando confrontaciones, para luego acusar al movimiento social de violento y, en consecuencia, deslegitimarlo y reprimirlo. De hecho, el gobierno de Bolivia ha acusado a las víctimas de la represióngubernamental durante la VIII Marcha en defensa del TIPNIS de ser ahora ellos los victimarios y los ha acusado de intento de homicidio (aunque no dicen a quién).
No obstante, tanto la CONAIE del Ecuador y sus aliados, cuanto la CIDOB y la CONAMAQ de Bolivia, han superado esa intención de sus respectivos gobiernos de que su movilización sea reducida a las coordenadas del liberalismo, y han sostenido su resistencia en el espacio que mejor conocen y procesan: la movilización social. Esa movilización tensa la cuerda del liberalismo y agota a los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia y, al mismo tiempo, fortalece a los movimientos sociales.
Las movilizaciones sociales están recuperando nuevamente el sentido de la política como praxis histórica, pero en un nivel diferente porque una cosa era confrontar a regímenes expresamente neoliberales y otra a los gobiernos progresistas posneoliberales. Su tarea es quizá más compleja que antes porque tienen que demostrar que la adscripción a la izquierda que hacen estos gobiernos es solamente un simulacro del poder.
Una segundopunto común a ambos procesos es que al recuperar la agenda política y su discurso, los movimientos sociales están desalojando del espacio de la izquierda política tanto a Alianza País en Ecuador, cuanto al MAS en Bolivia, y de esta manera los están empujando hacia el centro político. Ahora bien, el centro solo existe desde la mirada de la derecha política. Se trata de una jugada importante porque estos regímenes se legitimaban, precisamente, en una ideología crítica al capitalismo y que establecía una relación simbólica importante con la historia de movilización, resistencia y lucha social de los movimientos sociales de ambos países.
La adscripción a la izquierda se convertía en un dispositivo ideológico fundamental para mantener la hegemonía política y movilizar a la población en función de sus prerrogativas. Este desplazamiento hacia el centro hace que la referencia a cualquier discurso de izquierda por parte de Alianza País en el Ecuador o el MAS en Bolivia, sea asumido más como un recurso de mercadeo y publicidad política que como un compromiso real. Esto implica que ambos partidos políticos no son ya una opción de cambio sino una solución de continuidad con el posneoliberalismo.
Un tercer punto en común está en la agenda que ambos movimientos sociales han logrado posicionar con fuerza: el modelo extractivista como eje central que caracteriza a estos gobiernos posneoliberales. Se discute ampliamente en Ecuador sobre la megaminería a cielo abierto y la defensa del agua gracias a la CONAIE y sus aliados. El Presidente ecuatoriano, Rafael Correa, en esta discusión y como es lógico en un gobierno posneoliberal, defiende con ahínco y devoción a las corporaciones mineras transnacionales. En Ecuador, la CONAIE ha logrado provocar un amplio debate sobre el agua, la tierra y los territorios, en un contexto en el que existe una Constitución que, al menos teóricamente, le es favorable. De esta forma, la CONAIE ha recuperado su rol político de subrayar aquellos temas del debate político que son prioritarios para el país. La agenda de la política regresa, nuevamente, hacia los movimientos sociales.
En Bolivia, la defensa del TIPNIS ha creado las condiciones para que los movimientos sociales sitúen el debate en un contexto más geopolítico. La defensa del TIPNIS se hace en contra dela IIRSA y de las pretensiones geopolíticas de la burguesía brasileña (de hecho, la empresa que construirá la carretera en el TIPNIS es la brasileña OAS). El movimiento social boliviano, sobre todo luego de las movilizaciones en contra del presidente Morales que pretendía aplicar un ajuste macrofiscal en el mismo estilo de aquellos aplicados por el FMI, incrementando el precio de la gasolina, en diciembre de 2010, ha comprendido que en el momento posneoliberal la resistencia es, básicamente, geopolítica. Es ésta una dimensión aún ausente en el movimiento social ecuatoriano.
Un cuartopunto en común a ambos procesos hace referencia a la forma por la cual se interrogan sobre el futuro político. ¿Cuáles son las opciones luego de Correa en Ecuador y Morales en Bolivia? Poco a poco, los movimientos sociales empiezan a comprender que las opciones reales no pasan necesariamente por el sistema político liberal; comprenden también que ese sistema político, a pesar de todas las referencias a la democracia y a la participación, en realidad debe ser comprendido siempre como un sistema de dominación. Ahora entienden que la democracia quizá se encuentre por fuera de ese sistema político liberal. Esta comprensión de la democracia como una apuesta por descolonizarla del liberalismo, es correlativa a aquella otra constatación de que el desarrollismo que hacen gala los gobiernos progresistas de la región, es otra expresión de la acumulación por desposesión del capitalismo. Ni desarrollismo económico ni democracia liberal, sino democracia social y comunitaria, y Buen Vivir. Alianza País en Ecuador, y el MAS en Bolivia, no son alternativas al desarrollismo, en realidad expresan otras formas de desarrollismo y liberalismo, vale decir, capitalismo.
Es por ello que se ha suscitado un fuerte debate sobre las propuestas emancipatorias de los movimientos sociales. En Bolivia se ha tratado de trivializar y banalizar la propuesta emancipatoria del movimiento indígena etiquetándola comopachamamismo. En Ecuador también se ha producido ese debate en contra del concepto del sumak kawsay (Buen Vivir). Sin embargo, los movimientos sociales comprenden claramente que el extractivismo y el desarrollismo son incompatibles con el Buen Vivir, cualquiera sea su definición, y que mientras más avance el extractivismo más en peligro está la supervivencia de la vida humana, lo que recuerda las derivas biopolíticas del posneoliberalismo, de ahí que en ambos países una consigna común del movimiento social sea la defensa de la vida.
Los movimientos sociales también comprenden que en el liberalismo los gobiernos, de forma independiente de su color político que, incluso, puede tener los colores de la wiphala (el arcoiris), ahora está del lado del poder, y que ese poder apuesta con todo por la violencia y la desposesión extractiva. En los movimientos sociales de Ecuador y Bolivia, hay una percepción cada vez más clara que Rafael Correa y Alianza País, así como Evo Morales y el MAS, son los rostros que asume el nuevo poder, son las nuevas amenazas a la vida, a la soberanía y a la paz.En estos dos países, gracias a los movimientos sociales, radican las esperanzas más firmes del movimiento social de continente por superar el momento posneoliberal y las tentaciones de los gobiernos progresistas.
De la resistencia a la esperanza
Pablo Dávalos
En Ecuador, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, conjuntamente con otras organizaciones sociales, llevaron adelante la Marcha Plurinacional por el Agua, por la Vida y la Dignidad de los Pueblos, del 8 al 22 de marzo de 2012, con una plataforma de 19 puntos entre los que constaban la oposición a la megaminería a cielo abierto, la defensa del agua, el rechazo a la criminalización social, entre otras; demandaban, además, el cumplimiento de los derechos que constan en la Constitución y que no han sido ni cumplidos ni respetados por el gobierno de Alianza País.
En Bolivia, en cambio, la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia, CIDOB, con el apoyo del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyo, CONAMAQ, y otras organizaciones sociales, en especial aquellas de los territorios indígenas del TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure), realizaron, en septiembre de 2011, la VIII Marcha Indígena por la defensa del TIPNIS, los derechos territoriales, el medio ambiente, las áreas protegidas, los derechos colectivos y la libre determinación de los pueblos indígenas, y anuncian la realización de la IX Marcha para el 25 de abril de 2012 que, además, cuenta con el apoyo de la histórica COB (Central obrera boliviana).
Las organizaciones bolivianas realizan esta marchaen oposición a la construcción de la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos, que partiría en dos el TIPNIS y lo integraría a los procesos de mercantilización y privatización territorial contenidos en los planes de integración de la IIRSA (Iniciativa de Integración de la Infraestructura de Sud América) y que, según las organizaciones indígenas, expresa el compromiso cada vez creciente del gobierno de Evo Morales con las transnacionales de la minería, el petróleo, el agronegocio e, incluso, el narcotráfico.
Es significativo que en ambos países las organizaciones indígenas y sociales se opongan a gobiernos que se han autocalificado de izquierda y que gozan de un amplio reconocimiento a nivel mundial como gobiernos progresistas y críticos al neoliberalismo.También es significativa la forma por la cual ambos gobiernos, tanto Alianza País en el Ecuador, cuanto el Movimiento Al Socialismo, MAS, en Bolivia, se han confrontado a estas marchas y han utilizado todos los recursos del Estado para boicotearlas, deslegitimarlas, manipularlas, minimizarlas y, finalmente, reprimirlas. Son comunes los argumentosutilizados por ambos regímenes tanto para legitimarse a sí mismos cuanto para desacreditar a las organizaciones sociales, así como son parecidas las estrategias de cooptación, división social y confrontación con organizaciones o redes clientelares creadas por estos gobiernos.
Así por ejemplo, en Ecuador, Alianza País utiliza el respaldo de organizaciones relativamente pequeñas como la FEI, o la Red Agraria, para oponerlas a la CONAIE;moviliza también al sector público y a los receptores de las transferencias monetarias condicionadas, el Bono de Desarrollo Humano, para crear la sensación de un enorme y multitudinario apoyo a su favor. En Bolivia, el MAS llegóa inventarse un movimiento social, el CONISUR (Consejo Indígena del Sur), para confrontar a la CIDOB y la CONAMAQ y, de paso,incumplir con los compromisos que la VIII marcha en defensa del TIPNIS le había obligado a suscribir.
Ahora bien, es necesario referir y contextualizar estas marchas indígenas y sociales, que no solamente se producen en Ecuador y Bolivia sino en toda Abya Yala, al interior de las resistencias a los procesos de acumulación por desposesión que caracterizan al posneoliberalismo, es decir, aquel momento de la historia en el cual aparentemente en Abya Yala (América) se ha superado el neoliberalismo duro del Consenso de Washington para entrar, en cambio, en la privatización de los territorios, los recursos naturales y la criminalización social.
La presión extractivista de las transnacionales, sobre todo de la megaminería a cielo abierto y el agronegocio (soja transgénica, maíz transgénico, biocombustibles, etc.), está provocando una fuerte disputa sobre los territorios, los recursos naturales y la soberanía estatal. El despojo, la expropiación, y la violencia del extractivismo están generando el mismo miedo social y la misma pobreza que en su tiempo provocaron las políticas de shock del FMI.
El extractivismo, de otra parte, está transformando los sistemas políticos de la región hacia modelos de dominación política cada vez más autoritarios, violentos, panópticos y clientelares.
En esa dinámica, la criminalización social, la represión y la eliminación de las resistencias sociales, van de la mano del incremento del gasto fiscal en salud y educación, así como de un amplio abanico de transferencias monetarias condicionadas, creadas, además, desde el Banco Mundial (en Ecuador: Bono de Desarrollo Humano; en Bolivia: Bono Juancito Pinto).
Este proceso simultáneo de criminalización y asistencialismo clientelar, a veces se acompaña de una retórica nacionalista y de una fuerte crítica al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, por parte de Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. Una crítica que ha demostrado ser irrelevante cuando se trata de entregar los recursos naturales a las transnacionales.Sin embargo, esto ha conducido a que varios sectores de izquierda a nivel mundial, apoyen a estos gobiernos incluso en contra de las organizaciones sociales que luchan y resisten al extractivismo.
La marcha organizada por la CONAIE en Ecuador en contra de la minería a cielo abierto y en defensa del agua, así como la marcha en defensa del TIPNIS que realizaron la CIDOB y la CONAMAQ en Bolivia, indican una recuperación del movimiento social y de sus posiciones críticas, y el fracaso de la intención gubernamental de adscribir a estas organizaciones y movimientos sociales a sus propias dinámicas. Estas marchas tienen varios puntos en común y están generando un proceso de transición política en Abya Yala, que es necesario señalar.
Uno de los primerosaspectos que comparten las organizaciones sociales de Bolivia y Ecuador es que sus movilizaciones han logrado arrebatar la iniciativa política a sus respectivos gobiernos y estánllevandoal debate político y sus definiciones por fuera de las coordenadas del liberalismo. Los movimientos sociales no esperan el tiempo electoral, ni tampoco confían en las instituciones del sistema político liberal (como el parlamento) para frenar al extractivismo, porque saben que la definición y disputa realse juega por fuera de los márgenes del sistema político.
Es una ingenuidad pensar que la acumulación del capital, sobre todo en su fase de desposesión y extractivismo, pueda contenerse solamente utilizando las instituciones liberales. En general, esas instituciones sirven para imponer las prioridades que nacen desde la acumulación del capital y casi siempre son de una sola vía, aquella que nace desde el poder.Precisamente por ello han recuperado la movilización, porque saben que fue con la movilización que pudieron frenar el neoliberalismo, e intuyen que será con la movilización que detendrán al extractivismo.
Empero, este cambio de las reglas de juego resiente a los gobiernos que quieren que la conflictividad social se procese desde las coordenadas disciplinarias del liberalismo. Estos gobiernos están plenamente conscientes del rol político que tiene la movilización, porque cuando estuvieron del otro lado de la orilla apostaron todo, precisamente, a la movilización social. Su constitución como opciones políticas nació con la movilización, por ello ahora pretenden controlarla y asumirla como prerrogativa propia. En virtud de que estos gobiernos nacieron desde la movilización y la resistencia al neoliberalismo,asumen que tienen patente de corso sobre la movilización social. Por eso, los gobiernos de Ecuador y Bolivia, han acusado a los movimientos sociales de estar respaldado por la CIA norteamericana, por la derecha oligárquica, por los grupos tradicionales de poder que utilizan al movimiento social para restaurar el statu quo, etc. Todo con tal de evitar que la movilización social regrese nuevamente a los movimientos sociales.
Asimismo, han acusado a las organizaciones sociales de aprovechar las movilizaciones para posicionarse electoralmente y han negado validez a la agenda de los movimientos sociales, haciendo uso, de esta manera, de la misma retórica que utilizaban los regímenes neoliberales para desacreditar a las movilizaciones sociales. Han intentado, incluso, desprestigiarlas utilizando criterios racistas, sexistas, machistas y xenófobos. Los gobiernos “progresistas” de Ecuador y Bolivia tienen miedo cerval a la movilización social porque saben que éstas pueden generarles un vacío político cuyas consecuencias no quieren ni siquiera imaginar.
En ambos países, los gobiernos también han utilizado sus redes clientelares para movilizarlas en contra de los movimientos sociales y han tratado de provocarlos generando confrontaciones, para luego acusar al movimiento social de violento y, en consecuencia, deslegitimarlo y reprimirlo. De hecho, el gobierno de Bolivia ha acusado a las víctimas de la represióngubernamental durante la VIII Marcha en defensa del TIPNIS de ser ahora ellos los victimarios y los ha acusado de intento de homicidio (aunque no dicen a quién).
No obstante, tanto la CONAIE del Ecuador y sus aliados, cuanto la CIDOB y la CONAMAQ de Bolivia, han superado esa intención de sus respectivos gobiernos de que su movilización sea reducida a las coordenadas del liberalismo, y han sostenido su resistencia en el espacio que mejor conocen y procesan: la movilización social. Esa movilización tensa la cuerda del liberalismo y agota a los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia y, al mismo tiempo, fortalece a los movimientos sociales.
Las movilizaciones sociales están recuperando nuevamente el sentido de la política como praxis histórica, pero en un nivel diferente porque una cosa era confrontar a regímenes expresamente neoliberales y otra a los gobiernos progresistas posneoliberales. Su tarea es quizá más compleja que antes porque tienen que demostrar que la adscripción a la izquierda que hacen estos gobiernos es solamente un simulacro del poder.
Una segundopunto común a ambos procesos es que al recuperar la agenda política y su discurso, los movimientos sociales están desalojando del espacio de la izquierda política tanto a Alianza País en Ecuador, cuanto al MAS en Bolivia, y de esta manera los están empujando hacia el centro político. Ahora bien, el centro solo existe desde la mirada de la derecha política. Se trata de una jugada importante porque estos regímenes se legitimaban, precisamente, en una ideología crítica al capitalismo y que establecía una relación simbólica importante con la historia de movilización, resistencia y lucha social de los movimientos sociales de ambos países.
La adscripción a la izquierda se convertía en un dispositivo ideológico fundamental para mantener la hegemonía política y movilizar a la población en función de sus prerrogativas. Este desplazamiento hacia el centro hace que la referencia a cualquier discurso de izquierda por parte de Alianza País en el Ecuador o el MAS en Bolivia, sea asumido más como un recurso de mercadeo y publicidad política que como un compromiso real. Esto implica que ambos partidos políticos no son ya una opción de cambio sino una solución de continuidad con el posneoliberalismo.
Un tercer punto en común está en la agenda que ambos movimientos sociales han logrado posicionar con fuerza: el modelo extractivista como eje central que caracteriza a estos gobiernos posneoliberales. Se discute ampliamente en Ecuador sobre la megaminería a cielo abierto y la defensa del agua gracias a la CONAIE y sus aliados. El Presidente ecuatoriano, Rafael Correa, en esta discusión y como es lógico en un gobierno posneoliberal, defiende con ahínco y devoción a las corporaciones mineras transnacionales. En Ecuador, la CONAIE ha logrado provocar un amplio debate sobre el agua, la tierra y los territorios, en un contexto en el que existe una Constitución que, al menos teóricamente, le es favorable. De esta forma, la CONAIE ha recuperado su rol político de subrayar aquellos temas del debate político que son prioritarios para el país. La agenda de la política regresa, nuevamente, hacia los movimientos sociales.
En Bolivia, la defensa del TIPNIS ha creado las condiciones para que los movimientos sociales sitúen el debate en un contexto más geopolítico. La defensa del TIPNIS se hace en contra dela IIRSA y de las pretensiones geopolíticas de la burguesía brasileña (de hecho, la empresa que construirá la carretera en el TIPNIS es la brasileña OAS). El movimiento social boliviano, sobre todo luego de las movilizaciones en contra del presidente Morales que pretendía aplicar un ajuste macrofiscal en el mismo estilo de aquellos aplicados por el FMI, incrementando el precio de la gasolina, en diciembre de 2010, ha comprendido que en el momento posneoliberal la resistencia es, básicamente, geopolítica. Es ésta una dimensión aún ausente en el movimiento social ecuatoriano.
Un cuartopunto en común a ambos procesos hace referencia a la forma por la cual se interrogan sobre el futuro político. ¿Cuáles son las opciones luego de Correa en Ecuador y Morales en Bolivia? Poco a poco, los movimientos sociales empiezan a comprender que las opciones reales no pasan necesariamente por el sistema político liberal; comprenden también que ese sistema político, a pesar de todas las referencias a la democracia y a la participación, en realidad debe ser comprendido siempre como un sistema de dominación. Ahora entienden que la democracia quizá se encuentre por fuera de ese sistema político liberal. Esta comprensión de la democracia como una apuesta por descolonizarla del liberalismo, es correlativa a aquella otra constatación de que el desarrollismo que hacen gala los gobiernos progresistas de la región, es otra expresión de la acumulación por desposesión del capitalismo. Ni desarrollismo económico ni democracia liberal, sino democracia social y comunitaria, y Buen Vivir. Alianza País en Ecuador, y el MAS en Bolivia, no son alternativas al desarrollismo, en realidad expresan otras formas de desarrollismo y liberalismo, vale decir, capitalismo.
Es por ello que se ha suscitado un fuerte debate sobre las propuestas emancipatorias de los movimientos sociales. En Bolivia se ha tratado de trivializar y banalizar la propuesta emancipatoria del movimiento indígena etiquetándola comopachamamismo. En Ecuador también se ha producido ese debate en contra del concepto del sumak kawsay (Buen Vivir). Sin embargo, los movimientos sociales comprenden claramente que el extractivismo y el desarrollismo son incompatibles con el Buen Vivir, cualquiera sea su definición, y que mientras más avance el extractivismo más en peligro está la supervivencia de la vida humana, lo que recuerda las derivas biopolíticas del posneoliberalismo, de ahí que en ambos países una consigna común del movimiento social sea la defensa de la vida.
Los movimientos sociales también comprenden que en el liberalismo los gobiernos, de forma independiente de su color político que, incluso, puede tener los colores de la wiphala (el arcoiris), ahora está del lado del poder, y que ese poder apuesta con todo por la violencia y la desposesión extractiva. En los movimientos sociales de Ecuador y Bolivia, hay una percepción cada vez más clara que Rafael Correa y Alianza País, así como Evo Morales y el MAS, son los rostros que asume el nuevo poder, son las nuevas amenazas a la vida, a la soberanía y a la paz.En estos dos países, gracias a los movimientos sociales, radican las esperanzas más firmes del movimiento social de continente por superar el momento posneoliberal y las tentaciones de los gobiernos progresistas.
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