martes, 24 de septiembre de 2013

Implosión del capitalismo y pensamiento alternativo latinoamericano Por René Báez


ALAI, América Latina en Movimiento

2013-05-15

AmericaLatina

Implosión del capitalismo y pensamiento alternativo latinoamericano

René Báez




Estas notas de corte bibliográfico buscan identificar de manera impresionista los elementos que vertebran el ascenso y la decadencia de la modernidad, así como las premisas a partir de las cuales ha venido configurándose un discurso y una práctica contestatarios.
Antecedente necesario
La preocupación por el devenir de las sociedades humanas tiene lejanos referentes en el pensamiento occidental y ha girado alrededor de los conceptos de evolución y decadencia.
En efecto, la idea de evolución aparece ya entre los clásicos grecolatinos. Pensadores como Hesíodo, Homero y Séneca indagaron sobre el desenvolvimiento de las colectividades, únicamente que lo hicieron desde una hipótesis de proceso regresivo (“la degeneración del oro hasta el hierro”); en esta concepción, cabe subrayar, los tiempos dorados siempre estuvieron atrás.
Durante la Edad Media se abre un paréntesis en la percepción secular y regresiva del proceso social y tal enfoque es reemplazado por una comprensión escatológica provista por la Iglesia Católica, cuyo objetivo mayor no era otro que fusionar el pensamiento griego, especialmente el de Aristóteles, con la doctrina cristiana. Más que explicar los fenómenos sociales concretos, la preocupación de la escolástica se orientó a la formulación de normas absolutas de conducta enraizadas en preceptos religiosos.
Para la escolástica, la actividad económicas carecía de importancia puesto que el mundo presente era concebido como la preparación para un futuro extraterrenal; y, en tanto se la consideraba únicamente como una faceta del quehacer de los seres humanos, tenía que ser juzgada bajo normas de moralidad.
El fin del Medioevo marca el retorno del enfoque secular para la explicación del desenvolvimiento social. El principal expositor de la nueva corriente fue el italiano Juan Bautista Vico (1668-1743), quien planteó la hipótesis de una evolución cíclica de los conglomerados humanos (corsi e ricorsi), proceso ondulatorio que además obedecería a múltiples determinaciones.Esta prometedora concepción del funcionamiento de las
colectividades resultó eclipsada por la Reforma Protestante que, al admitir la moralidad del lucro, contribuyó decididamente a consolidar el discurso y las prácticas de los Tiempos Modernos. No se tiene que olvidar que hasta entonces la usura, ateniéndose al discurso aristotélico, había sido proscrita por el papado.
La apoteosis de la modernidad
Las revoluciones burguesas, al institucionalizar los postulados políticos republicanos y los principios económicos del naciente capitalismo (propiedad privada, libertad de comercio y navegación, salarios y precios monetarios, mercado) e incorporar progresivamente la razón instrumental -dinero y ciencia positiva (experimental)- al proceso productivo llegaron a pensar que habían descubierto la llave para el avance lineal e ilimitado de los distintos países y sociedades; es decir, el santo y seña de la Modernidad, el Progreso y el Crecimiento (las mayúsculas son intencionales).
Tanto la economía liberal clásica como la neoclásica racionalizarán esa macrovisión del mundo y del hombre, y, ulteriormente, con los aportes anticíclicos del keynesianismo (ya en la primera mitad del siglo pasado) remozarán el discurso salvacionista de Occidente, un discurso tanto más atractivo cuanto que se creyó permitiría la recuperación del Paraíso para la vida terrenal.
Pertrechadas con los poderosos y amorales instrumentos de la razón instrumental, las metrópolis protocapitalistas y capitalistas no se dieron abasto en la conquista material y “espiritual” del globo, asistidas invariablemente por sectores dominantes-dominados del Sur del planeta.
A nivel ideológico y cultural, desde el Siglo de la Ilustración y hasta los tiempos que corren, el objetivo medular del discurso dominante no ha sido otro que persuadir a los pueblos colonizados, semicolonizados o neocolonizados que si se dejan guiar por las prédicas del dinero (la “ramera universal” que dijera Shakespeare) y la tecnología metropolitana (“esa entelequia ajena los procesos fundamentales de la sociedad y la naturaleza”, C. Furtado), “ríos de leche y miel” desembocarían incluso en los lugares más remotos. En palabras de Roberto García, “la gran demagogia del paradigma (todavía) hegemónico ha consistido en sugerirles a las masas del Sur del planeta que mimetizando a las metrópolis del sistema podrían vivir como la población de aquéllas: el águila sugiriendo a la gallina que puede ser igual, con tal de sólo imitarla”. (“América Latina y el fin del socialismo”, 1991)
Este fundamentalismo económico –o más precisamente, economicista- comporta, por un lado, una auténtica religión (la religión monoteísta del mercado, conforme a R. Garaudy); y, por otro, en tanto ideología de la lumpengranburguesía mundial, ha venido evangelizando urbi et orbe con principios y prácticas tan temibles como la incorporación a la lógica del costo-beneficio de quehaceres tan ennoblecedores como la educación y la salud, la mercantilización de las relaciones afectivas de los seres humanos y la utilización sin medida de los recursos naturales, energéticos, bióticos y atmosféricos de la Tierra.
Obrando de este modo, no resulta casual que la modernidad, con el ariete de la razón instrumental, haya extremado la paradoja de la deshumanización de la humanidad  que discerniera Ernesto Sábato en su visionario ensayo Hombres y engranajes(1951).
No se tiene que olvidar que el socialismo estatalista vigente durante buena parte del siglo XX en la Europa Central y Oriental no lograría escapar –en rigor, ni siquiera se lo propuso- a ese corolario materialista y amoral de la modernidad, diferenciándose de la praxis de las potencias occidentales únicamente en las formas institucionales de promover la dogmática de una modernización anclada en un rampante racionalismo que ha venido despojando a los seres humanos de atributos como los valores éticos, las emociones y las pasiones como fuentes de conocimiento y de conducta.
La financierización y la sobrecarga del planeta, o la sintomatología del derrumbe sistémico
 Dos macro fenómenos evidencian el desplome de la civilización del capital en los albores del siglo XXI: la hiperfinancierización de la economía-mundo y la correlativa exacerbación de los problemas asociados al cambio climático.
Desglosemos el primero de ellos.
Por financierizaciónha de entenderse un proceso de crecimiento exponencial del capital ficticio. Maurice Allais, Nobel de Economía, estableció hace algunos años que los movimientos internacionales de capital especulativo superaban en cuarenta veces a las liquidaciones originadas en las compras de bienes y servicios. ¿Cómo pudo edificarse semejante “pirámide de papel”? 
La creación de capital ficticio, actualmente etiquetado como capital financiero, es una tendencia innata del régimen capitalista. Marx la explicó asociada a la alienación que provoca ese régimen productivo y que se traduce en que los hombres dejan de reconocerse en los objetos que producen, dando lugar a que el intercambio asuma formas fantasmagóricas. En la actualidad, ese “fetichismo de la mercancía” ha llegado a niveles surrealistas bajo comando de las corporaciones globales y los bancos de inversión, y cabalgando en el descomunal crecimiento de los mercados cambiarios, íntimamente relacionados con el mercado de los intereses. Conforme era de esperarse, la expansión de estos mercados, fuente de ingresos extraordinarios para el Gran Capital, ha dado origen a una variedad de “productos” financieros, también conocidos como “derivados” –futuros, swaps, opciones- y a la consiguiente expansión de las burbujas financieras.
Las consecuencias de esta hipertrofia financiera no pueden ser más irracionales, peligrosas y autodestructivas. Conforme a estadísticas recientes, unas 200 empresas transnacionales controlan la cuarta parte de la producción mundial siendo que emplean apenas al 0.25 por ciento de la mano de obra total.
¿Cómo puede reproducirse normalmente un régimen de producción que preconiza el consumo masivo y, a la par, fomenta las más abismáticas desigualdades en la distribución de los ingresos y miniaturiza geométricamente el mercado?
Revisemos ahora el tema-problema de las presiones del capitalismo global sobre los recursos de la Tierra.
A este respecto, hacemos nuestros puntos de vista especializados como los siguientes:
La  celeridad con la cual se están destruyendo las condiciones que hacen posible la vida en el planeta no sólo no se ha frenado, sino que se ha intensificado en las últimas décadas a pesar del reconocimiento general de que este modo de producción, distribución y consumo es incompatible con la preservación de la vida en la Tierra.No obstante el aparente consenso sobre la profundidad de la crisis ambiental, en particular sobre la necesidad de frenar las dinámicas productoras del cambio climático, la forma como se construye el debate internacional distorsiona lo que está en juego, y propone soluciones que no tienen posibilidad alguna de permitir salidas a los problemas que confrontamos en la actualidad. (Cf. Edgardo Lander, “Estamos viviendo una profunda crisis civilizatoria”, 2011).
Expuesto en otros términos, soslayando las implicaciones de un patrón de crecimiento sin fin en un planeta finito, y la urgente necesidad de una redistribución radical en el acceso a los bienes comunes de la vida, como condición de sobrevivencia a corto plazo de centenares de millones de personas, se buscan soluciones desde arriba que ignoran la multiplicidad de opciones que pueblos y comunidades en todo el planeta están formulando como alternativas al modelo civilizatorio en crisis. Las respuestas de mercado, las soluciones tecnológicas, únicas opciones presentes en los debates intergubernamentales, implican apostar a la misma lógica de mercado y a los mismos patrones de conocimiento mecanicistas newtonianos que nos han conducido a la actual crisis.Las respuestas del llamado keynesianismo verde y otras propuestas de reformas ‘verdes’ del capitalismo buscan salidas a la crisis económica por la vía de la creación de fuentes de inversión y de innovación tecnológica que, al no cuestionar los supuestos básicos del crecimiento ilimitado, no pueden sino profundizar los problemas. Algunas de estas iniciativas como los biocombustibles y los transgénicos, o los llamados mecanismos de desarrollo limpio (MDL), por otro lado, están contribuyendo a profundizar las desigualdades, están afectando la producción de alimentos y haciendo que los sectores más pobres del globo sean quienes carguen sobre sus hombros los costos de la crisis.
Esta dialéctica devastadora de  hombres y recursos adquirirá su mayor dinamismo con la industrialización implantada por Occidente en los 2-3 últimos siglos.
¿Cómo opera la susodicha conexión?
Conforme a un investigador latinoamericano, el mundo que se desmorona es la civilización industrial, sostenida por cuatro pilares: a) la competencia, no la cooperación, entre individuos, empresas, países; b) los mercados dominados por la lógica capitalista, que permiten procesos ilimitables de acumulación, centralización y, sobre todo, de acumulación de riqueza (monopolios); c) el uso predominante de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón y uranio); y d) la ciencia y la tecnología como instrumentos de control y poder. En conjunto, estos cuatro mecanismos generan un modelo que dilapida la naturaleza y explota el trabajo humano. Estos cuatro soportes son postulados ciegamente por la economía convencional, y reproducidos, extendidos y ampliados por la mancuerna formada por el poder político (partidos y gobiernos sin distinción ideológica) y el poder económico (mercados, empresas, bancos, corporaciones). (Cf. Víctor M. Toledo, “Los zapatismos en un mundo que se desmorona”, La Jornada, 2013).
Mal que pese, este tipo de diagnósticos y mensajes, lejos de inducir a radicales virajes conceptuales y políticos, apenas ha servido para nutrir un newspeak orwelliano y una atosigante retórica del poder mundial y sus agnados y cognados de la periferia.
El extravío ético de la modernidad
Dos espectaculares acontecimientos recientes -la caída del muro de Berlín (1989) y la “explosión” de Wall Street (2008)- han venido a corroborar el eclipse de la civilización moderna.

En efecto, si 1989 puede ser visto como la fecha que evidencia el fracaso multifacético del “socialismo real” europeo, el desplome de la bolsa neoyorquina del 2008 será recordado como un episodio donde el capitalismo mundializado desnudó sus pies de barro. ¿A qué aludimos?
Max Weber discurrió sobre la superioridad del capitalismo a partir de sus supuestos atributos morales como la frugalidad, el ascetismo, el sosiego. Semejante capitalismo, si existió alguna vez, resulta evidente que no existe más. Las confrontaciones que libran actualmente los hombres-corporación han sido descritas, incluso por apologistas del establecimiento, como “luchas en el fango”. Aún más, incluso el observador menos avisado intuye que al despuntar el siglo XXI opera una suerte de metástasis entre capitalismo legal y capitalismo negro.
La causa última de este orden de fenómenos la precisó Aleksandr Solzhenitsin, el famoso disidente soviético, quien en el libro colectivo Fin de siglo (1996), dejó escrito:
¿Cuál es el papel, la contribución justificable y necesaria, de la moralidad en la política? Erasmo creía que la política era una categoría ética, y apelaba a ella para la manifestación de impulsos éticos. Pero eso era en el siglo dieciséis. Y entonces llegó el Siglo de las Luces, y para el siglo dieciocho John Locke nos había enseñado que resulta inconcebible aplicar términos morales al estado y sus acciones. Y los políticos, que a lo largo de la historia con frecuencia estuvieron libres de las molestas represiones morales, habían obtenido de esta manera una especie de justificación teórica agregada… El siglo dieciocho nos dejó el precepto de Jeremy Bentham: moralidad es aquello que brinda placer al mayor número de personas: el hombre jamás podrá desear otra cosa que no sea aquello que favorece su existencia… Actualmente, la fría astucia rige las relaciones comerciales, e incluso se ha convertido en un comportamiento normal. El ceder de alguna manera ante un opositor o un competidor se considera un error imperdonable para la parte que tiene una ventaja en cuanto a posición, poder o riqueza.
En estos tiempos cibernéticos y poscomunistas semejantes preceptos han tendido a absolutizarse, tanto en el centro como en la periferia, agudizando tendencias catastrofistas y necrófilas.
La fuga hacia adelante de la civilización del capital
Acorralado en escenarios cada vez más intrincados en el ámbito económico-financiero y carente de una moral altruista, ecológica y cósmica, el poder mundial ha optado por el peligroso camino de la exacerbación de sus proditorios fines y medios.

En cuanto a la exacerbación de los medios, acaso sea suficiente consignar que, en función de la necesidad del capital monopolista de preservar o ampliar sus tasas de ganancia, el capitalismocentral ha emprendido una ofensiva en términos de expansión y profundización. Expansión: ex campo soviético y China, convertida en “taller del mundo”; profundización: sectores terciarios de las metrópolis y primarios de la periferia. Todo esto a través de la denominada acumulación por desposesión, una suerte de retorno a la acumulación primitiva (ya estudiada por los clásicos del pensamiento socialista) y de la conversión del poder militar en acaso la principal ventaja comparativa del capital corporativo.
En cuanto a la radicalización de los fines, baste señalar que la mundialización del capitalismo ha transformado a la consecución del lucro en su más cruda y ecuménica verdad.
La conjunción de tales fines y medios desorbitados ha traído aparejada un caos en la realidad y un caos en la teoría.
A este respecto, y en lo que concierne al ámbito de lo económico-financiero, Jorge Beinstein ha escrito un iluminador trabajo que circula por internet y que lleva por título “Audestrucción sistémica global, insurgencias y utopías” (2012), donde escribe:
El capitalismo como civilización ha ingresado en un período de declinación acelerada… Se trata de un complejo proceso de decadencia… Cada paso de las potencias centrales hacia la superación de su crisis es en realidad un nuevo empujón hacia el abismo. Los subsidios otorgados a los grupos financieros abultaron las deudas públicas sin lograr la recomposición durable de la economía y cuando luego tratan de frenar dicho endeudamiento restringiendo gastos estatales al tiempo que aplastan salarios con el fin de mejorar las ganancias empresarias agravan el estancamiento convirtiéndolo en recesión, deterioran las fuentes de los recursos fiscales y eternizan el peso de las deudas. Frente al desastre impulsado por las mafias financieras se alza un coro variopinto de neoliberales moderados, semikeynesianos, regulacionistas y otros grupos que exigen suavizar los ajustes y alentar la inversión y el consumo... es decir seguir inflando las deudas públicas y privadas... hasta que se recomponga un supuesto círculo virtuoso del crecimiento (y del endeudamiento) encargado de pagar las deudas y restablecer la prosperidad... a lo que los tecnócratas duros (sobre todo en Europa) responden que los estados, las empresas y los consumidores están saturados de deudas y que el viejo camino de la exuberancia monetaria-consumista ha dejado de ser transitable. Ambos bandos tienen razón porque ni los ajustes ni los repartos de fondos son viables a mediano plazo, en realidad el sistema es inviable.
Inviabilidad del capitalismo central y global, ciertamente. Aunque admitir esto no supone, ni mucho menos, pensar que el desplome definitivo de la civilización pueda ocurrir en términos de unos cuantos años y al margen de la resistencia del Poder mundial y de un complejo juego geopolítico de difícil ponderación. (Ver a este respecto Susan George, El informe Lugano. 2001; también I. Wallerstein “Transformaciones en el mediano plazo”, 20012).
Creemos que estos últimos juicios dan pie para una aprehensión más objetiva de lo que ha venido aconteciendo en los últimos lustros en América Latina, a consecuencia fundamentalmente del agresivo proceso de financierización comandado por la banca transnacional y por viejas y nuevas metrópolis empeñadas en fomentar en nuestros países espacios de rentabilidad a partir de la explotación de bienes como el agua, la atmósfera, el subsuelo, la biodiversidad y los recursos genéticos… y hasta la mercantilización de órganos vitales de los seres humanos. Amén de los tradicionales negocios agrícolas, mineros y energéticos.
Las ilusiones del oficialismo latinoamericano
Los actuales gobiernos latinoamericanos, tanto los alineados con el Consenso de Washington (con el caso emblemático de Chile) como los autodenominados “revolucionarios” (Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua), vienen respondiendo a la crisis sistémica del capitalismo desde las trasnochadas fórmulas de la modernidad y de sus inherentes corolarios económicos y político-institucionales.
Pruebas al canto:
° Ni los regímenes conservadores u ortodoxos ni los formalmente heterodoxos cuestionan –al menos seriamente- los dogmas de distinta índole implantados por las metrópolis en el contexto del aún vigente reinado de la modernidad. Aún más, continúan encandilados por ellos, cuando no asumen la típica actitud del avestruz.
° Los gobiernos latinoamericanos en su conjunto –incluida la Cuba castrista- han venido apostando a mantenerse en la línea de flotación ateniéndose a los principios y reglas del capitalismo mundializado. Aquello del Socialismo del Siglo XXI no va más allá de una retórica diversionista.
° Estas coincidencias del oficialismo regional en la esfera económica significan, en última instancia, que ambos tipos de administración continúan profesando el culto profano al desarrollo económico y social, vislumbrado como la ruta única hacia una abstracta y cuantitativa Tierra de Promisión. Adhesión que los convierte en feligreses de W.W. Rostow, el gran gurú de la modernización subordinada de la periferia, así como de las orientaciones de los sofisticados think tanks de viejas y nuevas potencias internacionales.
° Concomitantemente, tanto los gobiernos que privilegian sus relaciones económico-financieras con las metrópolis tradicionales como los que priorizan sus nexos con el “imperialismo bueno” de China et al, se han inclinado por refrendar y profundizar el viejo modelo primario exportador y extractivista retomado desde los años 70   por el promonopólico Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), estrategia criticada incluso por los economistas cepalinos de esa época y que, en su nuevo debut, ha venido a convalidar los análisis sobre el proceso histórico latinoamericano adelantados por Gunder Frank desde los años 60, análisis fundados en categorías de raigambre marxista como lumpenburguesía y lumpenacumulación.
° La reedición y profundización de la estrategia de marras ha sido justificada por ambos tipos de gobierno con el cortoplacista argumento de la bonanza de las materias primas iniciada el 2003, soslayando que tal modelo-estrategia está predeterminado a agudizar la desarticulación de los aparatos productivos domésticos en favor de la tecnoestructura del capital transnacional (de origen estadounidense, europeo o asiático, poco importa), a la devastación de los recursos naturales de distinta índole y al afianzamiento de estados rentistas, clientelares y autoritario-subalternos. Pretender escapar a semejante lógica sin emprender en un proceso básico de autocentramiento productivo equivale a pedir peras al olmo.
° Colocándose en las antípodas de estas orientaciones, la práctica totalidad de nuestros gobiernos ha optado por apostar al aperturismo mediante la suscripción de TLC (tratados de libre colonización) diseñados por el capital corporativo estadounidense y/o europeo, cuyo efecto mayor no es otro que la profundización y diversificarción de nuestros lazos de subordinación al capital transnacional. En tanto, una propuesta supuestamente alternativa como el Mercosur no ha dejado de traslucir los intereses hegemonistas de Brasil, y la Alba, en ausencia de reformas propiamente estructurales internas y de liderazgos genuinamente bolivarianos, aparece, por decir lo menos, con pronóstico reservado.
° El discurso y práctica del crecimiento-desarrollo capitalista ha sido complementado en la región, desde hace un par de décadas, con la denominada lucha contra la pobreza, un programa de asistencialismo sugerido y hasta impuesto por entidades como el Banco Mundial y el FMI para “maquillar” el desempleo, el subempleo y los bajos ingresos que azotan a los náufragos de la globalización corporativa. Semejante fórmula ha devenido, conjuntamente con el incremento del mítico PIB, en el barómetro del éxito o fracaso de las administraciones zonales independientemente de sus posturas ideológico-políticas y pese a sus inocultables falencias como política de Estado. (Cf. “El fracaso de la pobretología”, de Jaime Martínez Veloz, entre otros trabajos).
° En concordancia con las necesidades e intereses de largo plazo del capital monopólico externo y oligárquico interno, tanto las administraciones conservadoras como las “progresistas” se han convertido en instrumentos para la aplicación de reformas institucionales orientadas a inocular en estas latitudes una ideología reaccionaria fundada en categorías tecnocráticas como productividad, competitividad, eficiencia… Particularmente preocupantes en este sentido son las reformas a los sistemas educativos, reformas inspiradas en postulados de raíz neodarwiniana y positivista y en prácticas verticalistas y punitivas que han venido extendiendo una suerte de domesticación y zombificación de docentes y estudiantes.
 (A desentrañar los oscuros orígenes de esta “educación de mercado” dedicamos nuestros ensayos “El desembarco invisible” (2006) y “Reforma educativa ‘al revés’” (2009), en los cuales tipificamos a la estrategia universitaria de la “revolución ciudadana” ecuatoriana como a una “ruta al oscurantismo y a la servidumbre del siglo XXI”.)
° En el ámbito de la geopolítica el panorama es igualmente siniestro. Aludimos a que, con matices que no es del caso desglosar, el oficialismo latinoamericano ha adherido a lo que la politóloga estadounidense Susan Sontag denominara “guerras metafóricas”, en referencia a conflictos diseñados por el Pentágono para que nunca terminen. En tal definición encajan las cruzadas contra el narcotráfico, el terrorismo secundario (el primario siempre es del Estado, al decir de N. Chomsky) y el denominado crimen organizado, operativos cuyos verdaderos propósitos son intensificar el control territorial y de los recursos naturales, mineros, energéticos y acuíferos de nuestros países; así como el control social, mediante la criminalización de los disidentes de la globalización corporativa (llámense dirigentes nacionalistas y de izquierda, líderes indígenas y comunitarios, sindicalistas, defensores de los derechos humanos, ecologistas, parlamentarios opositores, periodistas independientes, intelectuales críticos, cristianos liberacionistas, militares patriotas, estudiantes… o simplemente pobres).
Sobre las dimensiones de estos “crímenes ideológicos” –conforme les denomina A. Camus en El hombre rebelde a los delitos establecidos desde los códigos penales- ilustran el homicidio de entre 60-80 mil hombres-mujeres-niños y la desaparición de aproximadamente 20 mil personas ocurridos en México durante el sexenio del conservador/modernizante Felipe Calderón, actualmente huésped de Harvard University, así como las tragedias proporcionalmente similares ocurridas en otros países del continente en tributo a los grandes “blanqueadores” primermundistas, a los fabricantes de armas y precursores químicos y, no en último lugar, a los viejos-nuevos clanes políticos locales lumpenizados. 
La incorporación de los militares nativos a estos conflictos de nuevo tipo constituye la última faceta de los mismos (el régimen de Rafael Correa la decidió el pasado 2012).
° Si tantas y tan grandes  son las semejanzas entre regímenes ortodoxos y “socialistas”, ¿cuáles las diferencias?
La principal y acaso única concerniría al ámbito de la política económica, es decir, al de las estrategias que emplea cada uno de los referidos grupos para pugnar por el venturoso   desarrollo económico y social. Mientras los ortodoxos insisten en conseguirlo privilegiando el equilibrio de las finanzas públicas y la balanza de pagos, para estimular de este modo los procesos de concentración, centralización y conglomeración del capital monopólico externo-interno; los segundos, aspiran a similar meta apelando al incremento de la demanda interna y al protagonismo de estados intervencionistas (intervencionismo que, a menudo, apenas constituye la hoja de parra para entreguismos sin inhibiciones).
Casi huelga señalar que tanto la política económica ortodoxa como la intervencionista-clientelar están predestinadas a ajustarse al ciclo de la economía-mundo, en razón de la condición supérstite de nuestros países en la cadena de la acumulación monopólica a escala global.
Aún más, esta condición inherente al modo de producción capitalista ha comenzado a reeditarse a últimas fechas en nuestro subcontinente, conforme muestran, por un lado, los “cacerolazos” simultáneos en la Venezuela del flamante Nicolás Maduro y en la Argentina de Cristina Kirchner, y por otro, en sucesos como el extendido “paro cafetero” en la Colombia de Juan Manuel Santos, país este último de indiscutibles pergaminos neoliberales y monetaristas.
(Para un análisis riguroso de la fisiología del capitalismo periférico y de sus correlatos político-institucionales se recomienda la lectura de “El desarrollo del capitalismo en América Latina y la cuestión del Estado”, en Autoritarismo y fascismo en América Latina, de Agustín Cueva, Centro de Pensamiento Crítico, Cuaderno Político No. 2, 2013).
Las luces de Chiapas
El panorama arriba descrito no totaliza –ni mucho menos- la postura de Latinoamérica frente a la decadencia de la civilización del capital. Aún más, el ¡Ya basta! zapatista del 1 de enero de 1994, coincidente con la incorporación del país azteca al neocolonialista NAFTA, habría inaugurado desde estas tierras la impugnación más original, estética e impactante a la globalización corporativa y sus abalorios político e  ideológicos.
Desglosemos esta aseveración.
Conforme advirtiera N. Chomsky, con la insurrección indígena contra el venal régimen de Carlos Salinas de Gortari, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) había colocado sobre el tapete un “problema” sin precedentes.
El paso de los años no ha hecho más que confirmar la apreciación del profesor del MIT, entre otras, por las razones siguientes:
La primera consistiría en que el discurso del EZLN y su vocero el subcomandante Marcos comporta un planteamiento distinto al clásico de la izquierda marxista, en la medida que sus postulados son más genéricos: dignidad, democracia, justicia, libertad, soberanía. Ideales anteriores y posteriores a la utopía socialista configurada en el siglo XIX.
La segunda tendría que ver con que el discurso de los enmascarados pobladores del sureste mexicano supone una suerte de síntesis de parábolas cristianas, memorias recuperadas del Popol Vuh y el Chilam Balam, liberalismo jacobino, humanismo socialista, gramscianismo…
La tercera concerniría a la recuperación por parte de los pequeños “hombres de maíz” (M.A. Asturias) de la historia propia, la historia nacional mexicana. En la I Declaración de la Selva Lacandona, documento fechado el 12 de enero de 1994, puede leerse: “Somos producto de 500 años de lucha: primero contra la esclavitud en la guerra de independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio Francés de nuestro suelo, después la dictadura porfirista nos negó la aplicación justa de las leyes de Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata... Somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad”.
En cuarto lugar porque su filosofía política tornó visibles algunas ideas-fuerza sobre el poder. Una de ellas se relaciona con su original concepción de la democracia. Para los zapatistas, el poder no es un fin en sí mismo y mucho menos un mecanismo de sojuzgamiento y enriquecimiento. En su percepción, la legitimidad del poder proviene de su concordancia con la máxima del “mandar obedeciendo”, principio democrático más raizal y proyectivo que el meramente electoralista y mediático.
En quinto lugar por su honda visión del cambio social. A este respecto, el “Sup” Marcos, en una entrevista concedida a la revista chilena Punto Final, explicaba: “Nosotros manejamos el siguiente concepto de cambio: creemos que el mundo nuevo, o la nueva sociedad, o como se quiera llamarlo, debe pasar previamente por una antesala. Es decir, que las propuestas o conceptos del rumbo que debe seguir el país… debe confrontarse con la realidad de cada pueblo. El soporte real de cualquier modelo social es la aceptación que el mismo tenga en la población. Si no existe, estaríamos hablando de una falsa revolución, y no necesariamente porque sea una revolución que mienta, sino que sin el sustento mencionado, sería siempre susceptible de desviarse o de 

voltearse”. (Cf. nuestro ensayo Conversaciones con Marcos, 1996).
Finalmente, conviene recuperar dos aportes teórico-prácticos de los descendientes de los mayas. De un lado, la creación en varios municipios liberados de la provincia chiapaneca de las Juntas del Buen Vivir, con soporte en algunos de ellos de los caracoles (organizaciones solidarias de producción y distribución ajenas a las “leyes” o “fuerzas” del mercado); y, de otro, la vocación universalista del EZLN plasmada en la convocatoria a la I Internacional de la Esperanza, evento que se cumpliera, en agosto de 1996, en una perdida aldea chiapaneca conocida con el sugestivo y enigmático nombre de La Realidad, que culminó con llamados de Marcos Guillén a “volver a humanizar la humanidad” y a “construir un mundo donde quepan todos los mundos”.
Casi dos décadas después del estruendoso ¡Ya basta! que despertara a México y conmoviera al mundo, mucha agua ha corrido bajo los puentes. No obstante, el pensamiento y las acciones de los encapuchados indígenas y mestizos mexicanos, antes que diluirse, han venido inspirando de distinta forma las contestaciones al capitalismo mundializado desde distintos polos de poder imperial.
Ver a este respecto los trabajos de Pablo González Casanova sobre la influencia del zapatismo entre los indignados que se multiplican incluso en los propios santuarios del capital corporativo.
La reconfiguración del discurso crítico

Después de Chiapas, en efecto, hemos asistido en la región a múltiples expresiones de resistencia enfiladas no solamente contra el maltrecho capitalismo sino también contra la propia civilización del capital.

Aludimos a episodios como los siguientes: las ensangrentadas luchas por el territorio y la defensa de los recursos naturales y ambientales encabezadas por la CONAIE en Ecuador y los Sin Tierra en Brasil; las protestas de los piqueteros argentinos que liquidaron al gobierno de Fernando de la Rúa; la “guerra del agua” en Cochabamba; las siempre heroicas performances defensivas de los mapuches, así como las recurrentes y creativas movilizaciones de los estudiantes secundarios y universitarios contra las despersonalizantes reformas educativas de los chilenos Lagos, Bachelet y Piñera; la victoriosa campaña continental contra el ALCA; la “Comuna de Oaxaca”; las aguerridas confrontaciones de los campesinos colombianos para contener la reforma agraria prolatifundista que adelanta, desde hace décadas, la oligarquía liberal-conservadora en ese hermano país; la Marcha por el Agua y por la Vida protagonizada por miles de pobladores de la Sierra y Amazonía ecuatorianas en repudio al tozudo extractivismo a cielo abierto de Carondelet; y, en fin, a la emergencia del juvenil #YoSoy132 para desafiar a la narcodemocracia mexicana reencarnada en Enrique Peña Nieto..

Constelación de acontecimientos que resultan, al mismo tiempo, causa y reflejo de un discurso crítico que se alimenta y retroalimenta en su confrontación con el pensamiento único –el no-pensamiento que diría Saramago- y de cuya riqueza y fortaleza da cuenta, particularmente, el Diccionario de pensamiento alternativo (Editorial Biblos, Buenos Aires, 2008), monumental obra mentalizada y coordinada por los filósofos argentinos Arturo Roig y Hugo Biagini, fundadores del Centro de Educación, Ciencia y Sociedad (CECIES, www.cecies.org).
De la revisión de ese Diccionario… y de la lectura de diversos materiales académicos y no académicos puede colegirse que el pensamiento alternativo, más allá de sus heteróclitos orígenes y de sus innumerables tópicos, está permeado por proposiciones comunes como las siguientes:
Primera. La  creencia de que la crisis civilizatoria que recorre el mundo supone la necesidad de una reconfiguración del modo de vida moderno a partir de nuevas formas de comprender la realidad.
Segunda. La convicción de que el paisaje catastrofista que está heredando una modernidad mal concebida y peor instrumentada tendría origen en la supremacía del economicismo sobre los órdenes moral y político, y que, por tanto, se impone pensar en una ruptura no sólo con el marxismo decimonónico y su lógica determinista, sino también en saldar cuentas con el individualismo y el “psicologismo menor” (C.Furtado) de la economía clásica o neoclásica; así como abrir paso a las nociones de la promisoria ecología política cuyos objetos cardinales de estudio no serían otros que las nuevas formas de explotación de una minoría sobre la mayoría y la acelerada destrucción de la naturaleza.
Tercera. Otro postulado compartido sería que las claves que se vienen vislumbrando para sortear la actual situación abismática comprenden, por un lado, la construcción de un poder social no tutelado por estados genéticamente capitalistas, y por otro, la vuelta de la mirada hacia los 7 mil pueblos originarios o indígenas del mundo, cuyas culturas tradicionales o premodernas contienen un conjunto de valores (reciprocidad, solidaridad, comunalismo, respeto a la naturaleza) imprescindibles para la regeneración social, cultural y ambiental.
Cuarta. Finalmente, el pensamiento alternativo/utopista viene coincidiendo en que, más que una conciencia de clase, se requiere en la actualidad de una conciencia de especie, una conciencia planetaria, puesto que hoy en día toda batalla emancipadora, por muy localizada o focalizada que aparezca, se coloca o del lado de la destrucción o del lado de la supervivencia de la humanidad y de la Tierra. (Cf. Víctor M. Toledo, “Los zapatistas: una mirada desde la ecología política”, 2013).
Una brújula andina
De modo general, al libro Hacia un modo de vida alternativo lo hemos encontrado inscrito en las proposiciones anteriores, lo cual no significa que no exhiba peculiaridades teóricas, prácticas y axiológicas para una comprensión más cabal de la realidad de Colombia y, por extensión temporal y espacial, de los restantes países andinos.
De tales aportes destacamos los siguientes:
° La investigación tiene como eje el concepto de desarrollo endogénico, un concepto que, según Julíán Sabogal, no constituye una camisa de fuerza, sino más bien una “invitación a reconocer lo propio, lo interno… lo cual no significa desconocer lo global. El sistema capitalista –agrega- alcanza todo el planeta, ningún rincón del mundo puede escapar a su influencia, a su racionalidad… ; pero, al mismo tiempo, la dialéctica de los sistemas nos indica que en las regiones se encuentran especificidades que pueden ser potenciadas y utilizadas a favor de un modo de vida alternativo”. En otros términos, si el concepto de desarrollo endogénico aparece poco formal, esto no significa que no se nutra de potentes vertientes históricas, críticas y utópicas.
° En cuanto a sus veneros históricos baste señalar que a la visión endogénica la encontramos estrechamente emparentada tanto con el pensamiento de los próceres de la independencia (Andrés Bello con su célebre admonición “La América hispana tiene un camino: su propio camino”, o Simón Rodríguez con su invocación a “crear o equivocarse”), como con las contribuciones académicas más recientes de un Antonio García Nossa y su tesis de la convivencia concertada de distintos modos de producción o las de José Consuegra Higgins, fruto de su larga cruzada por la autenticidad de las ciencias sociales latinoamericanas. Amén, por cierto, de los aportes naturales y testimoniales de nuestros pueblos ancestrales que les habrían permitido sobrevivir a siglos de colonialidad y despojo material e inmaterial.
° La sustentación histórica lacónicamente descrita se eslabona en el libro en referencia con una voluntad explícita de desnudar a la seudorrealidad inherente al paradigma de la modernización refleja. Esta conexión fundamental se evidencia en los distintos capítulos de la investigación –“El pensamiento propio hacia el modo de vida alternativo” y “El ambiente en el modo de vida alternativo” (Julián Sabogal), “La democracia en un modo de vida alternativo” (Fernando Panesso) y “La educación y la cultura para un modo de vida alternativo” (Carmen Alicia Martínez, Jimena Meneses y Francisco Criollo)-, elaborados con sólidos soportes bibliográficos y elegancia expositiva.
° Finalmente, Hacia un modo alternativo de vida se autovalora por su compromiso con la utopía, entendida esta “como una racionalidad alternativa superior que aún no tenido oportunidad de existencia, pero que puede convertirse en realidad si es asumida por la comunidad”. 
(Versión revisada del prólogo escrito para el libro Hacia un modo de vida alternativo, de Julián Sabogal Tamayo y otros, actualmente en proceso de edición bajo los auspicios de la Universidad de Nariño (Pasto) y de la Universidad Simón Bolívar (Barranquilla).
Mayo/2013
- René Báez, economista ecuatoriano, es catedrático universitario, Premio Nacional de Economía y miembro de la International Writers Association.

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Nace un movimiento contra la minería y el extractivismo Por Raúl Zibechi

ALAI, América Latina en Movimiento

2013-04-24

Uruguay

Nace un movimiento contra la minería y el extractivismo

Raúl Zibechi



El 7 de marzo cayó uno de los más sólidos mitos de los uruguayos: la confianza en las empresas estatales. Ese día quienes abrieron los grifos sintieron un olor nauseabundo y los que tomaron mate o café sintieron un sabor extraño. La empresa estatal encargada del suministro de agua, OSE (Obras Sanitarias del Estado), debió reconocer “un episodio” de contaminación con algas en la cuenca del río Santa Lucía, que abastece a seis de cada diez uruguayos.
Pese a ello la empresa estatal aseguró que el agua es potable. Un comunicado liberado días después señaló: “En relación al evento de olor y sabor percibido por la población del área metropolitana días atrás, OSE comunica que se debió exclusivamente a una sustancia liberada por un tipo de alga microscópica en el Río Santa Lucía. Dicha sustancia, llamada geosmina, no tiene incidencia sobre la salud de la población”[1].
 
Las autoridades cerraron filas y negaron enfáticamente la contaminación de las fuentes de agua, que siempre habían sido de gran calidad. Sin embargo, gran parte de la población no creyó en los argumentos del Estado y se volcó a comprar agua embotellada agotando las existencias.
 
Este suceso no hubiera tenido mayor trascendencia si no fuera porque en los últimos años viene creciendo un movimiento contra la instalación de una mina de hierro a cielo abierto, Aratirí de capitales hindúes, que cuestiona además la contaminación por el uso masivo de plaguicidas y fertilizantes en los cultivos de soya y en la forestación. En rigor, la sensibilidad ambientalista creció con el debate instalado a raíz de la instalación de una enorme fábrica de celulosa en el río Uruguay.
 
En aquel momento, entre 2003 y 2008 aproximadamente, en un clima de euforia por la llegada al gobierno del Frente Amplio (2004) y un ambiente nacionalista exacerbado por las controversias con los ambientalistas y el gobierno argentinos, la mayor parte de la población apoyó al gobierno uruguayo. Ahora las cosas cambiaron. La población rural (apenas el 5% del total) comenzó a percibir los efectos nocivos del desarrollo agropecuario y los pequeños productores tradicionales (incluyendo los ganaderos) comenzaron a movilizarse.
 
Un país contaminado
 
Es difícil aceptar que los ríos uruguayos están contaminados. El país fue siempre un paraíso natural, con industria liviana y pocos coches, con ganadería extensiva y agricultura cerealera. Pero en la última década, por la especulación con los alimentos y los minerales, las cosas cambiaron drásticamente.
Los principales cambios se concentran en la producción rural, a lo largo de los últimos diez años. El precio de la tierra se multiplicó por seis (de 500 a 3.000 dólares la hectárea en promedio). El 38% de la superficie agropecuaria fue vendida, y el 41% fue arrendada[2]. Entre 2000 y 2008 los propietarios uruguayos perdieron 1,8 millones de hectáreas que pasaron a las sociedades anónimas que adquirieron una superficie similar.
Hubo una fuerte concentración de tierras en capitales multinacionales: catorce grupos poseen un millón de hectáreas. Montes del Plata (chileno- sueco-finlandesa) tiene 234.000 hectáreas; le sigue Forestal Oriental (finlandesa) con 200.000 hectáreas. La estadounidense Weyerheuser tiene 140.000 hectáreas y las argentinas El Tejar y Agronegocios del Plata (ADP) con 140.000 y 100.000 hectáreas completan la lista de las mayores inversiones extranjeras.
 
En la campaña 2001-2002 había sólo 29 mil hectáreas sembradas con soja. En 2012 superó un millón de hectáreas. Otro millón están forestadas. Esto supone un aumento exponencial del uso de plaguicidas y fertilizantes que son arrastrados por la lluvia hasta los ríos. Aquí comienza un drama que la población está empezando a percibir.
 
Un estudio de la Dirección Nacional de Medo Ambiente (DINAMA) de 2011 en el río Santa Lucía (del que proviene el 60% del agua potable) resultó en un escándalo: los niveles de fósforo admitidos internacionalmente son de 25 microgramos por litro, pero en el río los mínimos oscilaron entre 70 y 12.900 microgramos por litro[3]. Ha habido múltiples denuncias de científicos y organizaciones ambientalistas sobre la contaminación, pero el Estado no ha hecho mucho.
 
El biólogo Luis Aubriot de la Facultad de Ciencias dijo a la prensa que “sin la reducción de las cargas de nitrógeno y fósforo” no se van a solucionar los problemas del agua[4]. Otro biólogo, Mario Calcagno, recordó que además de las fumigaciones y fertilizantes que se usan para la soya el río Santa Lucía recibe efluentes de frigoríficos, industrias de alimentos y centros urbanos, y que el monte nativo a sus orillas ha ido desapareciendo. “Es un desastre”, concluyó[5].
 
Uno de los argumentos más sólidos fue el esgrimido por Diego Martino, que representó a Uruguay en el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente: “En 2010 se detectaron niveles de atracina en el agua. Es uno de los componentes del glifosato. No hay ningún estudio a nivel nacional que diga cuál es la consecuencia de niveles muy bajos de atracina consumidos a lo largo de diez años”[6].
 
En su opinión el principal problema es la incapacidad del Estado para controlar y luego tomar decisiones. Puso un ejemplo: ¿Cuánto tiempo le llevó a la DINAMA cambiar la distancia de 50 metros a 500 metros para la fumigación alrededor de una escuela rural? Años”. No se sabe cuántos niños enfermaron por esa demora.
 
Uno de los principales problemas son los embalses, que en su mayor parte se utilizan para el riego y el cultivo de arroz. En un pequeño país como Uruguay hay más de mil embalses que con el calor del verano se convierte en lugares donde crecen algas porque concentran los agroquímicos. Con las lluvias los embalses derraman sus aguas en los ríos. Todos los ríos del Uruguay, incluyendo anchísimo el Río de la Plata, están verdes de contaminación.
 
El ganado también está siendo afectado. Un productor del centro del país, cuyas ovejas beben en el gran embalse de Rincón del Bonete, sufrió la muerte de 56 ovejas en un año, todas intoxicadas[7]. La directora de Recursos Renovables del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca reconoció que “Uruguay no tiene un diagnóstico del estado de sus aguas”, pero la misma autoridad acepta que se cultive soya a cuatro metros de lagunas, ríos y arroyos, aunque la legislación establece una distancia de ocho metros, también insuficiente[8].
 
Daniel Panario es director del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias y recibió en 2012 el Premio Nacional a la Excelencia Ciudadana. Es el más destacado y combativo científico del país que denuncia la contaminación hace más de 20 años. En su opinión el mejor ejemplo vinculado al agua es el del plomo.
 
“En la década de 1940 en Inglaterra se concluyó que el bajo rendimiento de los niños en las escuelas se debía al plomo y cambiaron inmediatamente todas las cañerías. En Uruguay esto se comprobó en la década de 1970. Estamos en 2013 y todavía no se terminaron de cambiar las cañerías de plomo en Montevideo. Dicen que tienen otras prioridades y que es muy caro”[9].
 
Además del Estado, la universidad es un obstáculo para hacer conocer la realidad a la población. “Uno no tiene total libertad para investigar temas de interés nacional. Cuando uno sale a hablar se arriesga a tener que enfrentarse con las autoridades. Hace pocos días el rector aclaró que yo hablaba a título personal y me dijo que le hacía daño a la facultad”[10].
 
Aquí aparecen dos problemas: los académicos priorizan investigaciones que puedan ser publicadas en revistas especializadas, en general en inglés, a las que la gente común no tiene acceso. Por otro lado, las universidades dependen de convenios y fondos que provienen de diversos organismos internacionales y de empresas privadas que no tienen interés en que se conozcan críticas a los productos que venden las multinacionales.
Investigadores como Panario, pese al reconocimiento nacional e internacional, suelen ser boicoteados por los propios universitarios. Se presentó en dos oportunidades al fondo nacional de investigadores y las dos veces fue rechazado. Tuvo que apelar a instancias superiores para ser admitido. Ahora se muestra feliz ante el crecimiento del movimiento contra la minería a cielo abierto.
 
Un movimiento diferente
 
Los precios del mineral de hierro se mantuvieron estables por veinte años. En 1985 la tonelada métrica seca se pagaba a 26 dólares. En 2004 había llegado a 38 dólares para trepar a 140 en 2008. En 2009 el precio cayó a 101 dólares la tonelada, pero ahora está subiendo. No es cualquier metal, ya que el mineral de hierro representa el 95 por ciento de todos metales utilizados en la industria.
 
Minera Aratirí pertenece a Zamin Ferrous, grupo indio con sede en Londres. Cuenta con siete proyectos en Sudamérica, cinco de ellos en Brasil, uno en Perú y otro en Uruguay, y espera producir en todo el continente unos 50 millones de toneladas de mineral de hierro para 2013. Pero el potencial de la empresa en la región se eleva a 10 mil millones de toneladas.
 
En Uruguay se les concesionaron unas 110 mil hectáreas en zonas dedicadas a la ganadería extensiva y la forestación, donde realizaron perforaciones para detectar las áreas de mayor densidad de mineral de hierro. El proyecto minero tiene tres partes: la zona de explotación, el mineroducto de unos 220 kilómetros hasta la costa de Rocha y la terminal de carga. En total estiman invertir 2.000 millones de dólares.
 
A fines de 2010 cuando el parlamento aprobó el Código de Minería los pequeños productores rurales de las localidades donde se instalará Aratirí, Valentines y Cerro Chato (180 y 3.000 habitantes cada una), comenzaron a movilizarse. En enero de 2011 comisiones de vecinos de la costa, donde se instalará el puerto para la exportación del hierro, iniciaron una recogida de firmas contra el proyecto.
 
De ahí en adelante la actividad se fue intensificando. Primero asistieron al parlamento a explicar los motivos de la oposición al proyecto. Los pequeños ganaderos verían distorsionada la producción, ya sea porque serán expropiados y forzados a emigrar o por la contaminación del aire y el agua. Los habitantes de los pueblos costeros sufrirían daño en la pesca y se ahuyentará el turismo.
 
Luego realizaron decenas de charlas informativas en los más diversos lugares, muchos de ellos pequeños pueblos de 50 o 100 habitantes. Finalmente convocaron una primera marcha nacional en Montevideo con la consigna “No a la minería, sí a los recursos naturales”, en mayo de 2011. La empresa convocó a su vez una marcha en Cerro Chato movilizando comerciantes y trabadores. Al día siguiente los productores doblaron la cantidad de personas movilizadas, desafiando a la multinacional que también comenzó a realizar charlas informativas boicoteadas por los que se oponen a la minería.
 
En julio de 2011 se creó la Confederación de Pueblos Costeros con representantes de siete pueblos del departamento oceánico de Rocha: La Paloma (3.500 hab.), Aguas Dulces (400), Punta del Diablo (800), Valizas (330), La Pedrera (200), La Esmeralda (57) y Cabo Polonio. Se oponen a la construcción de un puerto en La Paloma para la exportación de madera para las fábricas de celulosa y del puerto oceánico para el hierro.
 
El 12 de octubre se realiza la segunda marcha nacional donde confluyen colectivos del norte, el centro, el sur y de la zona costera, integrados por productores y trabajadores rurales. Varias personalidades del arte y el espectáculo participan en un video contra la megaminería. A partir de ese momento cada región se concentra en la realización de actividades locales y se crea la Asamblea Nacional Permanente en Defensa de la Tierra y los Bienes Naturales con unos 36 colectivos de base[11].
 
A mediados de 2012 el gobierno confirma la construcción de un puerto de aguas profundas para la exportación de hierro, madera y otros productos cerca de La Paloma. El movimiento contra la minería realiza en agosto su primera asamblea nacional en Tacuarembó (norte) con la asistencia de 300 personas de 35 colectivos.
 
Participan tres sindicatos, grupos indígenas, radios comunitarias, productores y trabajadores rurales. Miembros de los pueblos costeros optan por la acción directa para impedir las obras del puerto de La Paloma. El 12 de octubre se realiza la tercera marcha nacional en Montevideo con 10 mil personas, con decenas de gauchos a caballo, tractores, banderas de pueblos originarios, ambientalistas y sindicatos.
 
El movimiento contra la minería tiene tres características inéditas en Uruguay. La primera es que nace en el Interior profundo, en pueblos de 50 a 3.000 habitantes, luego llega a las capitales departamentales y más tarde a Montevideo, donde aún se están organizando los primeros grupos. Esto es al revés de lo que sucedió en la historia de las luchas sociales, donde casi todos los movimientos nacieron en la capital.
 
En segundo lugar, es un movimiento de base, asambleario y horizontal, ligado a la tierra y al territorio, que se inspira en las identidades populares rurales y no en las tradiciones sindicales y de la izquierda, aunque ellas están integradas pero no de manera hegemónica. El discurso y el lenguaje invocan las luchas por la Independencia lideradas hace 200 año por José Artigas y hacen hincapié en todo lo que se relacione con la tierra.
 
La tercera es que el movimiento ha rechazado hasta ahora su institucionalización. Las ONGs están acotadas. Los partidos políticos se mantienen en silencio. Pero lo más interesante es que no se ha optado por el camino del referendo nacional, la modalidad que adoptaron  parar todos los grandes movimientos uruguayos desde la recuperación de la democracia, empezando por el de los derechos humanos.
 
Hay colectivos locales que recogen firmas para realizar referendos departamentales, pero se ha optado por evitar un referendo nacional luego de extensos debates. La experiencia de más de 20 años indica que ese camino conduce a la desarticulación del movimiento, ya que la voluntad popular es vulnerada por los que tienen capacidad para hacer publicidad millonaria en los grandes medios de comunicación.
 
Ha nacido el primer movimiento social bajo un gobierno progresista. Cuestiona de modo frontal el modelo extractivista y la contaminación del agua le da argumentos potentes ante la población. Como dijo Panario reflexionando sobre las consecuencias del huracán Sandy en New York y el debate sobre el cambio climático: “Tiene que ocurrir una catástrofe para que la población tome conciencia”.
 
Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el “Informe Mensual de Zibechi” para el Programa de las Américas www.cipamericas.org/es
 
Recursos
“Aguas de marzo. Agroquímicos y potabilidad”, Brecha, 22 de marzo de 2013.
Asamblea Nacional Permanente en Defensa de la Tierra y los Bienes Naturales: http://endefensadelatierraylosbienesnaturales.noblogs.org/
Cirio, Ignacio, “Efectos colaterales”, video, Radio Mundo Real, 2012, en www.radiomundoreal.fm/rmr
El Observador (diario): www.elobservador.com.uy
Movimiento por un Uruguay Sustentable (MOVUS): http://movusuruguay.org/
Observatorio Minero del Uruguay: http://www.observatorio-minero-del-uruguay.com/
OSE (Obras Sanitarias del Estado): www.ose.com.uy
Santos, Carlos, ¿Que protegen las áreas protegidas?, Montevideo, Trilce, 2011.
Zibechi, Raúl “Los condenados rompen el silencio”, Programa de las Américas, 12 de enero de 2012 en http://www.cipamericas.org/es/archives/6003
Zibechi, Raúl “Las penas son de nosotros. La conformación de un nuevo bloque de poder en Uruguay”, en Gariela Massuh, Renunciar al bien común, Mardulce, Buenos Aires, 2012.
Zibechi, Raúl, Entrevista a Daniel Panario, Montevideo, 8 de abril de 2013.


[1] OSE, 21 de marzo de 2013.
[2] Todos los datos proceden de: Raúl Zibechi, Las penas son de nosotros, ob cit.
[3] El Observador, 11 de abril de 2013. El río Santa Lucía nace en el centro del país a 100 kilómetros de Montevideo y desemboca en el Río de la Plata cerca de la capital.
[4] Idem.
[5] El Observador, 12 de abril de 2012.
[6] El Observador, 4 de abril de 2012.
[7] Brecha, 5 de abril de 2013.
[8] Brecha, 22 de marzo de 2013.
[9] Entrevista a Daniel Panario, ob cit.
[10] Idem.
[11] Datos tomados de MOVUS, Observatorio Minero del Uruguay y Asamblea Permanente.
 
 


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lunes, 23 de septiembre de 2013

Cuaderno Político No. 3 Sacralización y desacralización del Yasuní



Biblioteca Agustín Cueva
Libro recomendado-Año 2013

Artículos de:


Autores


Joan Martínez Alier

Eduardo Gudymas
Julio Parrilla
Iván Carvajal
Andrés Rosero
René Báez



La decisión del presidente Rafael Correa de archivar la Iniciativa Yasuní, un proyecto de aseguramiento de la vida y la cultura de grupos humanos no-contactados de nuestra Amazonía y de preservación de invaluables riquezas naturales localizadas en una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta, ha tenido el efecto no sólo de develar el verdadero carácter y el agotamiento de la funambulesca “revolución de los 300 años", sino también de catapultar a un primer plano heteróclitas y cruciales cuestiones relativas al presente y al futuro del atribulado Ecuador.


El Centro de Pensamiento Crítico, a través de la preparación y publicación de este nuevo Cuaderno Político, ha querido aportar tanto a la reconstrucción del tortuoso itinerario de una propuesta que tantas expectativas y esperanzas despertara incluso más allá de las fronteras nacionales, como a la disección de algunas de las más socorridas falacias del discurso de la globocolonización y sus reflejos totalitarios.



Libro está a la venta en las principales librerías de Quito.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Sumando firmas por el YASUNI

Carta Abierta de la AAAA y Asambleas de la Argentina por la POR LA INTAGIBILIDAD DEL YASUNÍ ITT


Vamos sumando fuerza para defender la VIDA y la BIODIVERSIDAD en el YASUNI


Las personas y organizaciones que se deseen sumarse a este comunicado, pueden adherirse y reenviar adjuntando su nombre y el país al que pertenecen, al correo capituloecuador@gmail.com 

YASUNI Carta Abierta de la AAAA y Asambleas de la Argentina por la POR LA INTAGIBILIDAD DEL YASUNÍ ITT





Carta Abierta de la AAAA y Asambleas de la Argentina por la POR LA INTAGIBILIDAD DEL YASUNÍ ITT


9 de septiembre de 2013 a la(s) 16:59

Y ojalá los sordos escuchen: los derechos humanos y los derechos de la Naturaleza son dos nombres de la misma dignidad. Eduardo Galeano.

El 15 de agosto de 2013 el presidente de la República del Ecuador, Rafael Correa, dio una noticia que conmovió al mundo: la renuncia del proyecto ITT-Yasuní. La novedosa propuesta consistía en que los Países más industrializados indemnicen al Ecuador a cambio de que no se realicen actividades extractivas en una de las reservas más importantes del mundo, ubicada en la Amazonía ecuatoriana. La iniciativa Yasuní ITT fue presentada en el 2007 como una reformulación de los mecanismos previstos en el Protocolo de Kyoto y se presentaba como una gran alternativa  para preservar el medio ambiente. Los ecologistas, organizaciones de derechos humanos, y demás sectores de la sociedad civil latinoamericana festejamos y adherimos a la iniciativa, promoviéndola como un ejemplo digno latinoamericano. La renuncia del proyecto ITT-Yasuní implica el inicio de la explotación petrolera del Bloque ITT.

La evidencia de que en el parque viven pueblos indígenas  no contactados, como los Tagaeri, es motivo suficiente para impedir el paso de cualquier actividad extractiva, más allá del éxito o fracaso del proyecto ITT Yasuní. Los tagaeri en el 2003 sufrieron un  ataque que dejó decenas de muertos; hace unos meses, en el 2013 volvieron a vivir un episodio de violencia que llevó a James Anaya, relator especial de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, a pronunciarse en favor de la protección de estos pueblos aislados y de su libre determinación. El peligro de un etnocidio es una de las más terribles violaciones a los derechos humanos de los pueblos indígenas.

Por otro lado, el Parque Yasuní es una de las principales reservas de biodiversidad del continente. En él se encuentran cerca de doscientas especies de mamíferos, cuatro mil especies de plantas y seiscientas especies de aves; entre ellos, animales en peligro de extinción, y un innumerable número de reptiles únicos en el lugar. Ecuador ha suscrito varios de los tratados internacionales relativos al derecho internacional ambiental en el que se comprometió a proteger la biodiversidad.  En 1993 ratificó el Convenio sobre la Diversidad Biológica, adoptado en Río de Janeiro en 1992. De la misma forma ratificó el Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, el Convenio de Lucha contra la Desertificación, suscribió la Agenda 21 y el Protocolo de Bioseguridad en mayo del 2000.

Todo proyecto de desarrollo debe ser concordante con los derechos humanos y los derechos de la Naturaleza, lo contrario nos llevaría a justificar políticas de los Estados que en nombre del “progreso” y del “desarrollo” cometen las más atroces violaciones a la dignidad humana. Los derechos económicos, sociales y culturales nunca estuvieron ni estarán en contra de la vida y la libertad. La lucha contra la pobreza y la desigualdad no es antagónica al respeto por la Naturaleza y su protección. Esta falsa dicotomía es el nuevo discurso sin alternativas que los actuales gobiernos neoextractivistas de Latinoamérica nos imponen.

Estamos convencidos que la decisión del presidente del Ecuador no acuerda con los principios del derecho internacional  de derechos humanos y de protección ambiental ni con la Constitución de Ecuador, motivo por el cual la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, las asambleas, organizaciones y personas abajo firmantes nos solidarizamos con las jornadas de protesta que se han suscitado en el Ecuador y demás países de Latinoamérica y nos expresamos en defensa incondicional del Parque Yasuní.

Firman:
Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas (AAdeAA)
Asamblea Ambiental Varelense Yaku-mama
Consejo Indio de Sud América - CISA
Centro de Estudio e Investigación Social, Nelson Mandela
Asociación Amigos de los Parques Nacionales
FOPERMA : FORO PERMANENTE AMBIENTAL DE NEUQUEN - ARGENTINA
Instituto de Investigaciones Sociales, Económicas y Políticas Ciudadanas. I.S.E.P.C.I.
Foro hídrico Lanús Federación Universitaria Argentina
Observatorio Petrolero Sur
Proyecto Lemu - Epuyen - Chubut
Maristella Svampa, socióloga y escritora, Argentina
Claudia Korol (Educadora Popular. Feminista)
Gabriela Massuh (Escritora. Editora. Integrante de Plataforma 2012)
Diana Kordon (Integrante de Plataforma 2012)
María Inés Luchetti- San Pedro- Pcia de Buenos Aires.
Patricia Zangaro (Dramaturga. Integrante de Plataforma 2012)
Mario Galvano (Actor. Integrante de Plataforma 2012)
Lucila Eidelman (Integrante de Plataforma 2012)
Adriana Rodríguez Caguana (abogada y becaria en Conicet)
Jonatan Emanuel Baldiviezo (Abogado ambientalista. Integrante de Plataforma 2012)
Mirta A. Antonelli, Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina
Héctor Sentaren Movimiento Libres del Sur- En el Frente Amplio Progresista de Argentina
Lino Pizzolon. Observatorio del Agua. Universidad nacional de la Patagonia, Esquel.
Sergio Giachino, periodista de agencia Ipodagua.com
Cira Szklowin
José Miguel Onaindia
Juan Martin Utard
Leonardo Salgado
Gustavo Calvín
Juan Martin Utard
Graciela del Marques
Miguel Galván, Tucumán Argentina.
Dora ascolese- Neuquén - Argentina

lunes, 2 de septiembre de 2013

EL ATAQUE A SIRIA ES PARTE DE UN PLAN PARA DESTRUIR A LOS ENEMIGOS DE ISRAEL EN MEDIO ORIENTE

“EL ATAQUE A SIRIA ES PARTE DE UN PLAN PARA DESTRUIR A LOS ENEMIGOS DE ISRAEL EN MEDIO ORIENTE”
El análisis de James Petras, lunes 2 de setiembre de 2013


El sociólogo norteamericano James Petras realizó este lunes 2 de setiembre en su columna por CX36, Radio Centenario (*), un profundo análisis de la situación internacional que han generado las declaraciones del presidente estadounidense Barack Obama, respecto a su decisión de atacar a Siria. En ese marco señaló que “el contexto doméstico no es bueno para Obama” ya que más del 60% de los estadounidenses se oponen a la guerra contra Siria y “sólo un sector reducido pero muy influyente está a favor de la guerra”. En el panorama internacional los apoyos, dijo, los recibe de los reyes dictadores árabes y del régimen sionista israelí, porque “esto es parte de un plan para destruir a los enemigos de Israel en Medio Oriente y establecer una asociación americana sionista en los países árabes con el respaldo de Arabia Saudita y la colaboración de Turquía”, indicó.  Asimismo subrayó que lo expuesto por Obama el sábado anterior, “fue un repliegue intentando concentrar apoyos y poder” para su escalada bélica. A continuación transcribimos íntegramente la nota que Usted puede escuchar/descargar aquí:




Efraín Chury Iribarne: Como cada lunes a esta hora, le estamos dando la bienvenida a James Petras. Buenos días.

James Petras: Buenos días.


EChI: Bien, crece la preocupación por el posible ataque a Siria, si te parece comenzamos con esto.

JP: Si, es el tema que domina mi atención, más con las permanentes llamadas que hemos recibido desde las 8 de la mañana, desde Argentina y varios lugares de Europa. Es un tema de atención mundial en este momento, debido a los acontecimientos que surgen de la propuesta del señor Obama de atacar Siria.


EChI: ¿Se da por descontado que Obama está dispuesto a llevar esto hasta las últimas consecuencias?

JP: Está dispuesto hasta que pueda conseguir el poder, la capacidad, para hacerlo. Hay que analizar el contexto del ejercicio del poder, porque no se puede simplemente funcionar en el aire fresco, hay que ver el caso concreto. Y en el contexto actual es muy negativo. Empezando por Estados Unidos donde la gran mayoría de la ciudadanía es muy hostil, las encuestas muestran a las enormes mayorías en  contra de la intervención norteamericana.Sólo un sector reducido pero muy influyente está a favor de la guerra, que son los sionistas y pequeños grupúsculos que apoyan a Arabia Saudita. El resto del sector político está dividido, incluso los conservadores están cuestionando estos anuncios.
En segundo lugar, hay que marcar que tenemos divisiones entre de los militares en sus interpretaciones. Por ejemplo, militares retirados cuestionan la decisión diciendo que no tenemos ningún interés vital de lanzar esa guerra, no tenemos un plan de salida una vez que caigan las bombas y las consecuencias pueden resultar peor con un gobierno de Al Qaeda a la cabeza. Eso lo manifiestan sectores militares en retiro.
Ahora, los militares activos son mas cautelosos porque no quieren chocar con el Presidente. Es el caso concreto del Comandante en Jefe que ha dicho que no podemos bombardear sin tomar en cuenta las consecuencias y las metas  estratégicas. Si el resultadote tumbar a Bashar Al Assad resulta un trampolín para los fundamentalistas es muy negativo y si tenemos que entrar al país con tropas, eso va a resultar en una guerra extendida con muchas consecuencias incluso más allá de Siria.
Entonces, los militares son muy cautelosos y han recibido por eso críticas de los sionistas, quienes han dicho que los militares simplemente deben hacer las tareas militares y dejar la política de lado.
El tercer elemento que debemos tomar en cuenta es el mercado. Las Bolsas han bajado cada vez que Obama lanza su manifiesto de guerra, temen la suba del petróleo que afectará además, una recuperación muy débil.
Dentro del Congreso, los republicanos por varias razones están cuestionando a los sectores demócratas, diciendo que quieren debatir, investigar, preguntar, sobre las bases de la Inteligencia, supuestamente, que ha mostrado supuestas pruebas de uso de armas químicas.
Hemos recibido un informe de la Associated Press (AP), una de las agencias noticiosas, donde una periodista que entrevista a terroristas en Siria (1) donde ellos mismos confiesan que han usado gases tóxicos que recibieron de Arabia Saudita, y que son los responsables por el envenenamiento mortal de civiles y no el gobierno. 
Este reportaje no ha circulado más allá de la agencia AP. Eso es muy revelador.
En otras palabras, en el contexto doméstico, no es muy favorable a Obama en estos momentos y esa fue la razón por la cual intenta involucrar al Congreso para tratar de neutralizar tanta negatividad.
Pero en el exterior también pesa mucho que Rusia y China estén en contra, luego se opuso Inglaterra y ayer Alemania se oponen al ataque. Sólo los seudo socialistas franceses se subieron de inmediato y ahora dicen ‘tal vez’. Como oportunistas que son declararon en primera instancia que Francia estaba dispuesta a entrar en la guerra y ahora, cuando se acerca la fecha de convocar al Parlamento donde obviamente hay mucha oposición, dicen que no van solitos, que van como parte de una alianza y que están buscando aliados antes de tomar una decisión. Hollande, en otras palabras, es un oportunista que utiliza la guerra para distraer a la ciudadanía de la política económica fracasada y reaccionaria, es una forma de desviar la atención y no va a tener ningún éxito.
Ahora, ¿quiénes apoyan el ataque a Siria? Ahí tenemos a la liga de dictadores árabes, encabezada por el régimen más reaccionario del mundo que es Arabia Saudita y el país más represivo y reaccionario, que es Israel. Son los dos ejes de la política norteamericana a favor de atacar a Siria, junto con el gobierno islámico de Erdogan en Turquía. Ese triángulo es la fuerza principal. Pero las masas árabes están en contra, Egipto y Jordania en un momento declararon que novan a compartir un ataque a Siria.
Entonces, ¿en qué sentido tenemos una política nueva de Obama cuando declara que va a consultar al Congreso?
Por un lado es un repliegue. Un repliegue respecto a las declaraciones que hizo una semana atrás cuando dijo que en cualquier momento atacaba. Un repliegue para tratar de concentrar poder, pescar algún aliado o apoyo, para neutralizar en el Congreso a la oposición. Hoy en día se lanzó en todos los medios una contraofensiva, los voceros de Obama están en los programas, entrevistas, etc. cocinando datos sobre los gases tóxicos, inventando datos, cambian a cada rato, un día es un gas al otro día otro. O sea, es un ‘blitz’ (relámpago)  propagandístico para tratar de cambiar a la opinión pública y más que nada intentar influir el voto en el Congreso. Mientras tanto, está postergando el ataque por el momento.
Pero aquí  hay elementos que debemos tomar en cuenta. Primero, que la declaración de Obama de ir  al Congreso parece que por fin está respetando la Constitución de los Estados Unidos, ya que ésta dice que es el Congreso el único que tiene el derecho a declarar guerras. Entonces, no es nada democrático por parte de Obama, sino que se trata simplemente de cumplir con la Constitución que antes violaba, como cuando lanzó la guerra contra Libia.
Sin embargo, cuando dice que va a consultar al Congreso, los voceros del propio Obama dicen que independientemente de lo que se decida en el Congreso nosotros vamos a tomar nuestra decisión sobre la guerra. En otras palabras, Obama dice que si el Congreso apoya la guerra perfecto, pero si no la apoya de todos modos descartarán esa decisión y van a ir a la guerra. Entonces, es una posición muy contradictoria y contraviene a la Constitución.
Barack Obama va al Congreso con enormes obstáculos. Por un lado el Congreso tiene que entender que el público en su gran mayoría, más del 60%, se opone a una nueva guerra. Además, saben que la economía está en malas condiciones y una guerra puede provocar una suba del precio del petróleo entre otros efectos negativos, como en el mercado, la Bolsa ya está diciendo que una nueva guerra es incompatible con la recuperación económica y va a provocar una caída de la economía.
El Congreso debe tener eso en cuenta y también sabe que los militares están -por lo menos- muy vacilantes y cuestionan ingresar en esta nueva guerra. 
Pero, paralelamente, quiénes están empujando el ingreso a la guerra con todos sus recursos económicos y toda su influencia, son las 52 organizaciones judías pro Israel, encabezadas por AIPAC (The American Israel Public Affairs Committee) (2) que ha tratado de dominar los medios de comunicación, diciendo que Siria es una amenaza usando gases tóxicos.
El tema, entonces, es porqué Israel quiere destruir Siria.? Y hay varias razones.
Siria apoya a los palestinos y ha cuestionado las ocupaciones y anexiones del territorio palestino. Además, Israel ve en la destrucción de Siria como un trampolín para atacar Irán. La meta estratégica de Israel y Obama no es simplemente eliminar Siria, sino también lanzar un cerco y tener una base operaciones contra Irán y Líbano, particularmente a Hezbolá.
O sea, es parte de un plan para destruir a los enemigos de Israel en Medio Oriente y establecer una asociación americana sionista en los países árabes con el respaldo de Arabia Saudita y la colaboración de Turquía. Y Turquía es muy vulnerable en eso porque hay una tradición secular, nacional y popular, y Erdogan esta provocando que la rebelión popular encuentre aliados en otras instituciones.


EChI: ¿Obama y Hollande están tratando de enjugar sus fracasos al querer atacar a Siria?

JP: Si, relativamente son dos fracasados. En política económica hay mucho descontento en estos dos países, la Economía está estancada o creciendo a un ritmo de tortuga, hay gran vulnerabilidad de sectores de trabajadores.
Por ejemplo, aquí en Estados Unidos, en la cotidiana nadie habla bien de Obama. Incluso hay un desencanto profundo que ha pasado de simples críticas a insultos, hay gente que no puede mencionar el nombre de Obama sin sentir bronca -no quiero repetir las frases que utilizan- y eso se debe en parte a la política y en parte por el engaño. Porque Obama como Hollande  prometen muchas cosas, pero, cuando implementan políticas que han encarecido la vida, o sea retórica vacía, hueca, han provocado más emociones negativas que cualquier otro político.


EChI: En los minutos finales no se si te queda algún tema para mencionar.

JP: Bueno, hay que pensar en Medio Oriente.
Mientras se espera lo que pasará en el Congreso estadounidense, en Siria el gobierno está recuperando terreno. Y esa es una de las razones de la prisa de Obama  para lanzar la guerra, porque sus clientes, terroristas y occidentales, están en una pelea interna, los islámicos están matando a los pro occidentales y en esa situación no hay un liderazgo entre la oposición, no tienen ningún proyecto, sólo tienen feudos, lugares donde montan su terrorismo y toman el control. En ese sentido, si no hay un ataque militar es casi seguro que en no mucho tiempo va a terminar la guerra con un triunfo de las fuerzas gubernamentales y tal vez un arreglo negociado, donde en un par de años podríamos ver elecciones. Pero si hay una guerra esto está fuera de la mesa, se podría terminar en una situación similar a lo que ocurre en Afganistán o Irak, donde hay guerras permanentes entre lo que quedan de los fragmentos gubernamentales y la oposición. Eso es lo que está en juego, una decisión sobre una civilización: o vamos a la barbarie o hacia un resultado negociado y tal vez abriendo la perspectiva hacia una nueva democracia.   


EChI: Muy bien Petras, te agradecemos mucho este análisis, nos encontramos el lunes.

JP: Muy bien, un abrazo a vosotros y a la audiencia.





Notas de Redacción

(1) Opositores sirios reconocen ante corresponsal de Associated Press el uso de armas químicas
Mercenarios sirios de Goutha, en los suburbios de Damasco (capital siria), admitieron su responsabilidad en el ataque perpetrado con armas químicas el pasado 21 de agosto, suceso en el que perdieron la vida al menos 1.300 personas. (http://www.librered.net/?p=29073)

(2) El American Israel Public Action Committee (Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel, cuya sigla es AIPAC) es un lobby estadounidense que realiza tareas en el Congreso de los Estados Unidos y en la Casa Blanca en favor de mantener una estrecha relación entre Israel y Estados Unidos. Se describe a sí misma como un "Lobby Pro-Israel en EE. UU.".